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La Revolución Rusa de 1917
Episodio 39

La Revolución Rusa de 1917

Andres AguilarAndres Aguilar

En octubre de 1917, bolcheviques liderados por Lenin tomaron el Palacio de Invierno casi sin resistencia. Meses antes, el zar Nicolás II había abdicado tras trescientos años de dinastía Romanov.


En la tarde del 25 de octubre de 1917, según el calendario gregoriano que usaba el resto del mundo (el 7 de noviembre según el calendario juliano que Rusia aún utilizaba), unos cuantos miles de revolucionarios tomaron el Palacio de Invierno, la residencia del zar en San Petersburgo. La resistencia fue mínima. El zar Nicolás II ya no estaba ahí: había abdicado nueve meses antes en medio del caos de la Primera Guerra Mundial. La "defensa" del palacio consistió en algunos cientos de guardias sin moral de pelear. Los revolucionarios entraron, saquearon un poco, bebieron el vino de la bodega imperial, y en cuestión de horas se apoderaron del poder en la capital.

Eso fue todo. No fue el asalto épico que la propaganda soviética presentaría décadas después. Fue más bien un colapso de autoridad que un cambio conquistado por la fuerza. Y en ese momento, nadie en el mundo pensaba que el evento sería verdaderamente histórico. Algunos diarios occidentales ni siquiera lo cubrieron como noticia principal. Los políticos conservadores creían que los bolcheviques serían barridos en cuestión de semanas por fuerzas más organizadas.

Se equivocaban. La Revolución Rusa de 1917 cambió el siglo veinte en sus bases. Creó el primer estado comunista del mundo. Inspiró revoluciones en otros países. Cambió el equilibrio de poder global. Y mató a decenas de millones de personas antes de terminar. Es posiblemente el evento más importante del siglo veinte, y es también el más debatido: si fue una revolución de liberación o de opresión depende de a quién le preguntes y qué partes de sus consecuencias estés dispuesto a mirar.


Rusia antes de 1917: el polvorín imperial

Para entender por qué la revolución ocurrió es necesario entender qué era Rusia en 1917. Era un imperio que se extendía desde Europa hasta el Pacífico, gobernado por una dinastía, los Romanov, que había reinado durante trescientos años. El zar Nicolás II era el monarca absoluto. No había constitución real. No había derechos políticos. El parlamento que se había creado a regañadientes en 1906, después de la revolución fallida de 1905, tenía poderes limitados y podía ser disuelto en cualquier momento a capricho del zar.

La población rusa era aproximadamente del 80% campesina. La tierra era propiedad de la nobleza terrateniente o de la iglesia. Los campesinos trabajaban en condiciones de semi-servidumbre, técnicamente libres desde la abolición de la servidumbre en 1861 pero atados a la tierra y a la pobreza. En las ciudades, una clase obrera nueva y en crecimiento trabajaba en condiciones miserables en fábricas que crecían rápidamente. La industrialización rusa era acelerada pero desigual: había ciudades con industria moderna y vastas regiones que seguían siendo completamente rurales y medievales.

La Primera Guerra Mundial fue el detonador final. Rusia entró en la guerra en 1914 en alianza con Francia y Gran Bretaña contra Alemania y Austria-Hungría. El ejército ruso era enorme en números pero estaba mal equipado, peor dirigido, y sus soldados estaban motivados principalmente por la amenaza de ser ejecutados si no cumplían órdenes.

> "La Primera Guerra Mundial fue el detonador final. Rusia entró en la guerra en 1914, y el ejército ruso estaba mal equipado, peor dirigido, y sus soldados estaban motivados principalmente por la amenaza de muerte."

Entre 1914 y 1917, Rusia perdió más de dos millones de hombres en combate. Millones más fueron capturados. La economía estaba al borde del colapso. Los campesinos no querían vender grano cuando no había nada que comprar. Las ciudades enfrentaban hambre. En Petrogrado, como San Petersburgo se llamaba desde 1914 para sonar más eslavo, las mujeres hacían fila horas para conseguir pan.


Febrero: el fin de los Romanov

En febrero de 1917, la situación era insostenible. El zar estaba en el frente de guerra, lejos de la capital. Dejó el gobierno en manos de su esposa, la zarina Alejandra, que era impopular por ser de origen alemán. Ella a su vez fue influenciada en muchas decisiones por Grigori Rasputín, un monje siberiano que ella creía que podía curar a su hijo hemofílico. Rasputín era corrupto, borracho, y odiado por la aristocracia. Que el imperio estuviera siendo dirigido por un monje loco daba una idea del nivel de colapso institucional.

El 23 de febrero, mujeres textiles en Petrogrado salieron a las calles a pedir pan. No fue un levantamiento revolucionario planeado. Fue una manifestación de hambre. En las semanas siguientes, otras manifestaciones se sumaron. Los soldados de la guarnición de Petrogrado, que habían sido instruidos para reprimir a los manifestantes, empezaron a dudar. Algunos se negaron a disparar. El 27 de febrero, unidades enteras del ejército se pasaron al lado de los manifestantes.

En menos de una semana, el orden de la capital se había desintegrado. El zar intentó regresar de su residencia de Tsárskoye Seló, pero los trenes dejaron de funcionar. Grupos de revolucionarios cortaron las vías. Nicolás II, en un tren detenido a mitad de camino, escribió en su diario: "Alrededor de nosotros la traición, la cobardía y el engaño."

El 15 de marzo de 1917, Nicolás II abdicó. Trescientos años de gobierno Romanov terminaron en una semana sin una batalla decisiva. El imperio ruso, una de las potencias de Europa, colapsó como un castillo de arena.

Lo que vino después fue un gobierno provisional dirigido por políticos liberales que querían continuar en la guerra. Ese fue su error fatal.


El caos de 1917: entre febrero y octubre

Después de la abdicación del zar, Rusia entró en un período de caos político. El Gobierno Provisional creía que continuaría en la guerra al lado de los Aliados. Los soldados en el frente, que había esperado que la revolución significara el fin de la guerra, descubrieron que continuaba. Los trabajadores urbanos esperaban un cambio en sus condiciones de vida. Los campesinos esperaban tierra. El Gobierno Provisional no podía entregar en ninguno de esos frentes.

En paralelo, emergió una estructura de poder alternativa: los soviets, consejos de diputados de trabajadores y soldados. El más importante era el Soviet de Petrogrado. Los soviets en teoría apoyaban al Gobierno Provisional, pero en práctica estaban ganando poder y representación popular.

En ese caos apareció Vladimir Lenin. El Partido Bolchevique, liderado por Lenin, había sido una fuerza marginal en la política rusa. Los bolcheviques eran comunistas, seguidores de la interpretación de Marx hecha por Lenin. Creían en la revolución mundial y en la dictadura del proletariado. Lenin había estado en exilio durante años, pero en abril de 1917, con ayuda de Alemania (que lo veía como una forma de desestabilizar a Rusia), regresó a Rusia.

Cuando llegó a Petrogrado, los bolcheviques eran minoritarios. Pero Lenin tenía un mensaje simple y poderoso: "Pan, tierra y paz." Los trabajadores querían comida. Los campesinos querían tierra que pudieran llamar suya. Los soldados querían salir de la guerra. El Gobierno Provisional no podía entregar en ninguno de esos frentes.


Octubre: los bolcheviques toman el poder

En septiembre de 1917, Lenin convence al Comité Central del Partido Bolchevique de que es momento de tomar el poder. No es una decisión unánime. Hay bolcheviques que piensan que es demasiado pronto, que el Partido debe seguir ganando influencia en los soviets de forma democrática. Lenin los derrota en el debate. Su argumento es que la historia no espera, que las masas están desesperadas, y que si los bolcheviques no actúan, alguien más lo hará.

El plan es simple: los bolcheviques utilizan a los obreros de las fábricas y a los soldados del ejército ruso de Petrogrado para tomar los puntos estratégicos de la ciudad. El Gobierno Provisional está desmoralizado y débil. No puede ofrecer resistencia significativa.

La noche del 24 al 25 de octubre, bajo la dirección de León Trotski, el Ejército Rojo bolchevique (aún en formación) toma el Palacio de Invierno y otros edificios de gobierno. Como mencionamos al principio, no es una batalla épica sino un colapso de autoridad. Los bolcheviques tienen los números, los símbolos del poder, y la energía de la multitud. El Gobierno Provisional, que representa a una clase política que se había desintegrado, no tiene nada.

Cuando el humo se aclara en la mañana del 26 de octubre, los bolcheviques controlan el poder en Petrogrado. Rusia, la más grande de las naciones europeas, es ahora un estado revolucionario gobernado por comunistas que prometen una dictadura del proletariado, la abolición de la propiedad privada, y una guerra de clases que transformaría la sociedad.


La Guerra Civil y la consolidación del poder

Lo que siguió no fue el fin de la lucha sino el comienzo de la guerra. Fuerzas anti-bolcheviques, apoyadas por potencias occidentales como Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Japón, lanzaron una guerra civil que duró hasta 1922. Fue una de las guerras más brutales de la era moderna. Se estima que entre cinco y nueve millones de personas murieron, la mayoría civiles, de combate, hambruna y enfermedades.

Los bolcheviques usaron métodos despiadados para mantenerse en el poder. Ejecutaron opositores políticos, revolucionarios rivales, y considerados enemigos de la revolución. Crearon la Checa, la policía política, que se convirtió en uno de los aparatos represivos más temidos del siglo veinte. Impusieron un sistema de terror que buscaba no solo eliminar enemigos sino crear miedo en la población.

Pero ganaron. Para 1922, los bolcheviques habían derrotado a todos los adversarios. Formaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS, un estado unificado bajo control comunista que se extendía desde Europa hasta el Pacífico. Lenin, que estaba cada vez más enfermo por un derrame cerebral en 1922, creó una URSS que no era el paraíso de libertad que la retórica revolucionaria había prometido. Era un estado autoritario controlado por el Partido Comunista, gobernado por Lenin pero en el que ya se gestaba la lucha por la sucesión que traería a Stalin al poder después de la muerte de Lenin en 1924.


El legado ambiguo: libertad y tiranía

La Revolución Rusa de 1917 tiene un legado profundamente ambiguo. Por un lado, cambió el mundo. Demostró que era posible un levantamiento revolucionario que tomara el poder estatal y transformara la sociedad de arriba hacia abajo. Inspiró a revolucionarios en todo el mundo que vieron en la URSS la promesa de una sociedad sin clases, sin explotación, sin pobreza.

Por otro lado, la Unión Soviética bajo Lenin, Stalin y sus sucesores se convirtió en uno de los regímenes autoritarios más brutales del siglo veinte. Stalin persiguió no solo a opositores políticos sino a sectores enteros de la sociedad. Mató de hambre a millones de campesinos ucranianos en 1932-1933. Ejecutó a revolucionarios de la vieja guardia en los juicios de Moscú. Envió a millones a los gulags, campos de trabajo forzado siberianos. Por todas estas acciones, la URSS fue responsable de la muerte de decenas de millones de personas.

> "La Revolución Rusa cambió el mundo y demostró que era posible un levantamiento revolucionario. Pero la URSS se convirtió en uno de los regímenes más brutales del siglo veinte."

El historiador debe mantener ambas cosas en mente sin esconder ninguna. La revolución fue un evento histórico genuinamente transformador. Sus consecuencias fueron en parte liberadoras (alfabetización, educación, eliminación de formas antiguas de explotación) y en parte terriblemente represivas (totalitarismo, represión política, terror de Estado).

La revolución que prometía un nuevo mundo de libertad y fraternidad terminó construyendo un estado burocrático autoritario. Que eso fuera inevitable, una traición de los ideales revolucionarios, o simplemente la expresión de lo que siempre fue la intención de Lenin, es una pregunta que historiadores, filósofos y políticos siguen debatiendo un siglo después.

Lo que es indudable es que el 25 de octubre de 1917, cuando los bolcheviques tomaron el Palacio de Invierno, cambiaron el curso del siglo veinte de maneras que seguimos viviendo hoy.


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