
La Revolución Cubana
En 1953, ciento sesenta jóvenes atacaron el Cuartel Moncada en Cuba. Fue un fracaso total: murieron ocho y cincuenta más fueron torturados y ejecutados. Su líder, Fidel Castro, dijo en el juicio: "la historia me absolverá".
En la madrugada del 26 de julio de 1953, unos ciento sesenta jóvenes atacaron el Cuartel Moncada, la segunda fortaleza militar más importante de Cuba, en la ciudad de Santiago. El asalto fue un fracaso completo. Muchos de los atacantes ni siquiera llegaron al cuartel porque los autos de la caravana se perdieron por las calles de Santiago en la oscuridad. Los que llegaron fueron repelidos en minutos. Murieron ocho durante el combate y otros cincuenta fueron capturados, torturados y ejecutados en los días siguientes por los soldados del dictador Fulgencio Batista.
El líder del ataque, un abogado joven de veintiséis años llamado Fidel Castro, fue capturado varias semanas después escondido en las montañas de la provincia. En su juicio, pronunció un discurso de defensa que terminó con una frase que se haría célebre: "La historia me absolverá." Lo condenaron a quince años. Salió en 1955 gracias a una amnistía política. Se fue a México. Y menos de cuatro años después de ese ataque fracasado, estaba en La Habana como líder indiscutido de la revolución que había cambiado el destino de Cuba y que iba a complicar la política latinoamericana y la Guerra Fría por décadas.
¿Cómo se pasa de un desastre militar con dieciséis sobrevivientes a una revolución triunfante? La respuesta está en la estrategia, la persistencia, y en reconocer que la victoria de una revolución no se decide en una batalla sino en el corazón de los campesinos.
Cuba antes de la revolución: la isla de Batista
Para entender la revolución cubana hay que entender qué era Cuba en los años cincuenta. Era una isla de seis millones de habitantes con una economía dependiente del azúcar, una fuerte presencia económica de Estados Unidos, y una historia de inestabilidad política que venía desde la independencia de España a fines del siglo diecinueve.
Después de la independencia de 1898, Cuba quedó en una posición de dependencia formal e informal con respecto a Estados Unidos. La Enmienda Platt, incluida en la constitución cubana de 1901 bajo presión americana, le daba a Estados Unidos el derecho a intervenir militarmente en Cuba cuando lo considerara necesario. Esa enmienda fue derogada en 1934, pero la influencia económica americana era más poderosa que cualquier cláusula constitucional. Las empresas americanas controlaban una parte enorme de la economía cubana: desde las plantaciones de azúcar hasta los hoteles, los casinos y la infraestructura ferroviaria y eléctrica.
La Habana de los años cincuenta era una ciudad de contrastes brutales. Por un lado, era un destino turístico de lujo para los americanos: hoteles glamorosos, casinos controlados en buena parte por la mafia americana, cabarets famosos como el Tropicana. Meyer Lansky y otros líderes de la mafia organizada habían convertido a Cuba en su base de operaciones casinística principal.
Por el otro lado, en el campo cubano y en los barrios pobres de las ciudades, la miseria era profunda y estructural. El 40% de la población rural era analfabeta. La atención médica era prácticamente inexistente en grandes partes del interior. El desempleo crónico azotaba a los temporeros de la caña de azúcar durante los meses entre cosecha y cosecha, que eran conocidos popularmente como "el tiempo muerto".
Fulgencio Batista había llegado al poder por primera vez en los años treinta a través de una serie de golpes y maniobras, había gobernado varios períodos, y había dado un nuevo golpe en marzo de 1952, tres meses antes de las elecciones presidenciales que probablemente hubiera perdido. Se anuló la constitución de 1940. Su régimen era corrupto, represivo, y protegido por la CIA y el gobierno americano porque era anticomunista y favorable a los negocios americanos en la isla.
El joven Fidel y su fracaso inicial
Fidel Castro venía de una familia relativamente acomodada. Su padre era un hacendado gallego que se había enriquecido en Cuba. Estudió derecho en la Universidad de La Habana, donde se involucró en la política estudiantil. Era un lector voraz, un orador extraordinario, y tenía una capacidad de seducción personal que describían todos los que lo conocieron. También tenía un ego monumental y una convicción absoluta de que tenía razón.
El asalto al Cuartel Moncada del 26 de julio de 1953 fue en muchos sentidos una locura. Ciento sesenta jóvenes sin entrenamiento militar serio, con armas insuficientes, atacando una guarnición de cientos de soldados profesionales. El plan dependía de la sorpresa total y de que el ataque generara un levantamiento popular espontáneo. No ocurrió ninguna de las dos cosas.
El fracaso fue estrepitoso. Pero la represión de Batista contra los sobrevivientes fue tan brutal que terminó generando simpatías para Castro. Las fotos de los detenidos torturados y ejecutados circularon clandestinamente. La Iglesia Católica intervino para pedir que se respetara la vida de los prisioneros.
> "La represión de Batista fue tan brutal que terminó generando simpatías para Castro, y convirtió un fracaso militar en un triunfo político."
Cuando Castro fue juzgado, convirtió el juicio en una plataforma política. El discurso que pronunció en su defensa, que sería publicado años después bajo el título "La historia me absolverá", contenía una crítica detallada de las condiciones sociales de Cuba: el desempleo, la miseria rural, el analfabetismo, la corrupción del Estado. Era el programa de un reformista radical, no todavía el de un comunista.
En la prisión de la Isla de Pinos, Castro siguió estudiando y organizando. Leía todo lo que podía conseguir, escribía cartas, planificaba. La prisión no fue el fin de su carrera política sino una pausa en su formación. En 1955, la presión política obligó a Batista a decretar una amnistía para los presos políticos. Castro quedó libre y supo de inmediato que no podía quedarse en Cuba. Partió al exilio.
El Che y la formación de la guerrilla
En Ciudad de México, Castro encontró el apoyo de la comunidad de exiliados cubanos y latinoamericanos. Organizó el Movimiento 26 de Julio, que tenía tanto una estructura urbana clandestina dentro de Cuba como un aparato de reclutamiento en el exilio. Y allí conoció al hombre que se convertiría en el ícono de la revolución: Ernesto Guevara de la Serna, el Che.
El Che era un médico argentino de veintiséis años que había recorrido América Latina en motocicleta y en distintos medios de transporte en los años anteriores. Su viaje por el continente lo había radicalizado. Había visto de cerca la miseria en las minas bolivianas, en los leprosarios del Perú, en las plantaciones de Guatemala. Y había estado en Guatemala cuando el gobierno reformista de Jacobo Árbenz, que había osado expropiar tierras de la United Fruit Company, fue derrocado en 1954 por un golpe patrocinado por la CIA. Esa experiencia había convencido al Che de que no había camino intermedio: el imperialismo americano no permitiría ninguna reforma sustancial en América Latina. La única salida era la revolución armada total.
Castro y el Che se complementaban en temperamento y habilidades. Castro era el político nato, el orador capaz de hablar durante horas sin perder a la audiencia, el organizador de alianzas, el hombre que sabía cuándo hacer concesiones y cuándo no. El Che era el teórico riguroso, el militar disciplinado, el hombre de una pieza que no distinguía entre lo que pensaba y lo que hacía, y cuya integridad personal era reconocida incluso por sus enemigos.
En noviembre de 1956, ochenta y dos hombres se embarcaron en Tuxpan, México, a bordo del Granma, un yate desvencijado que había sido diseñado para doce personas y que llevaba el séxtuple de pasajeros más armas, municiones y provisiones. El cruce del Golfo fue una pesadilla: el barco avanzaba lentamente, el tiempo era malo, y llegaron a Cuba dos días tarde respecto al plan original. Eso significó que el levantamiento urbano que debía coordinarse con el desembarco ya había sido aplastado.
El desembarco el 2 de diciembre de 1956 fue un desastre logístico. El Granma encalló en un manglar cerca de la playa Coloradas. Los hombres tuvieron que vadear el pantano durante horas cargando el equipo. Cuando finalmente llegaron a tierra firme, estaban exhaustos. Varios días después, una emboscada de la aviación y el ejército de Batista los sorprendió en Los Palos. Casi todos murieron o fueron capturados. De los ochenta y dos expedicionarios, sobrevivieron dieciséis en la Sierra Maestra. Entre ellos Fidel, Raúl Castro y el Che.
Con esos dieciséis hombres, Castro empezó a construir la revolución.
La guerra de guerrillas en la Sierra Maestra
Lo que siguió en los dos años siguientes fue uno de los episodios más notables de la historia militar latinoamericana. Un grupo que comenzó con dieciséis hombres, casi sin armas, en una sierra montañosa remota, enfrentando a un ejército de treinta mil soldados apoyados por la mayor potencia del mundo.
Castro no podía ganar una guerra convencional. Pero no necesitaba ganarla. La estrategia de guerrilla que él y el Che desarrollaron apuntaba a algo diferente: demostrar que el ejército de Batista no era invencible, ganar el apoyo de la población campesina de la sierra, erosionar la legitimidad del régimen a través de ataques selectivos, y generar la percepción de que el movimiento era más fuerte e importante de lo que en realidad era.
El apoyo campesino fue la clave del éxito. Castro tomó decisiones que parecían obvias pero que la mayoría de los ejércitos guerrilleros no aplicaban: pagaba por los alimentos que sus hombres consumían. Trataba bien a los prisioneros y los liberaba. Castigaba a los guerrilleros que robaban o abusaban de la población civil. La idea era construir una reputación de disciplina y justicia que generara simpatía y lealtad entre los campesinos, que tenían razones propias para odiar al régimen de Batista.
Funcionó. Los campesinos de la Sierra Maestra empezaron a proveer información, comida, y eventualmente reclutas. En 1957, el periodista americano Herbert Matthews del New York Times logró entrevistarse con Castro en la sierra. El reportaje fue un golpe maestro de relaciones públicas: describía a Castro como un líder carismático con un ejército en crecimiento. El régimen de Batista había afirmado que Castro estaba muerto. Matthews demostraba que no solo estaba vivo sino que tenía un movimiento real. El artículo fue reproducido en Cuba y en toda América Latina.
A lo largo de 1957 y 1958, la guerrilla creció. Nuevos voluntarios llegaban a la sierra. Los ataques a puestos militares eran cada vez más audaces. En las ciudades, el ala urbana del Movimiento 26 de Julio organizaba sabotajes, huelgas y propaganda. Batista respondió con una represión que generaba más opositores de los que eliminaba.
La toma de Santa Clara y la victoria
En agosto de 1958, después del fracaso de la gran ofensiva de Batista, Castro envió dos columnas guerrilleras hacia el oeste de Cuba. Una la comandaba el Che Guevara y otra Camilo Cienfuegos. Su objetivo era llegar hasta Santa Clara, la ciudad central del país, el nudo ferroviario que controlaba las comunicaciones entre La Habana y el oriente cubano.
La campaña fue rápida. Los guerrilleros avanzaban, combatían, incorporaban nuevos combatientes y seguían adelante. En diciembre de 1958, el Che llegó a Santa Clara con apenas trescientos hombres. Batista había enviado un tren blindado con refuerzos y armamento. El Che ordenó descarrilar el tren usando un tractor que arrancó las vías. Los soldados del tren, desnorteados y con poca moral, se rindieron en pocas horas. La imagen del tren descarrilado y los soldados prisioneros circuló por Cuba y terminó con el último vestigio de autoridad del régimen.
En la noche del 31 de diciembre de 1958, en una fiesta de año nuevo en un campamento militar, Fulgencio Batista recibió la noticia de que Santa Clara había caído. Comprendió que todo había terminado. Antes de las 3 de la madrugada se había subido a un avión con su familia y su fortuna personal y había abandonado Cuba para siempre.
El 1 de enero de 1959, los guerrilleros de Castro entraron en La Habana entre la euforia de la población. El 8 de enero, Castro llegó en persona. La caravana que viajó desde Santiago recibió multitudes en cada ciudad por la que pasó. Era un triunfo genuinamente popular.
De la revolución liberal a la revolución socialista
Los primeros meses de 1959 no fueron los del socialismo que vendría después. Castro se presentó inicialmente como un reformista democrático. El primer gobierno provisional incluía figuras moderadas. Las primeras medidas fueron redistributivas pero no radicalmente anti-capitalistas: reforma agraria que limitaba el tamaño de las propiedades, reducción de los alquileres, bajada de precios de medicamentos y servicios.
Pero la radicalización fue acelerada por la dinámica con Estados Unidos. El gobierno de Eisenhower miraba a Castro con creciente alarma. A medida que la revolución se profundizaba, las expropiaciones empezaron a afectar a intereses americanos. En 1960, Cuba expropió refinerías de petróleo americanas que se habían negado a refinar petróleo soviético. Estados Unidos respondió con el embargo comercial. Cuba buscó el apoyo de la Unión Soviética. La URSS ofreció comprar azúcar cubano y vender petróleo. Cada acción generaba una reacción que profundizaba la ruptura.
En 1961, en abril, mercenarios cubanos entrenados y financiados por la CIA intentaron invadir Cuba por Bahía de Cochinos. El plan era una combinación de wishful thinking y mala planificación. Los estrategas de la CIA creían que el desembarco generaría un levantamiento popular contra Castro. No ocurrió: la mayoría de los cubanos, aunque muchos tuvieran quejas con el régimen, no querían que la revolución fuera derrocada desde afuera y con apoyo americano. La invasión fue aplastada en setenta y dos horas.
Para Kennedy fue una humillación política monumental. Para Castro fue un regalo: pudo presentarse de manera creíble como el defensor de Cuba contra el imperialismo americano. En el discurso que dio después de la victoria, declaró por primera vez que la revolución cubana era socialista.
La Crisis de los Misiles y el legado
En octubre de 1962, Cuba estuvo literalmente en el centro de la crisis más peligrosa de la Guerra Fría. La URSS había instalado misiles balísticos nucleares en la isla. La CIA los detectó. Kennedy impuso un bloqueo naval. Durante trece días, el mundo estuvo al borde de la guerra nuclear. La crisis se resolvió por negociación secreta entre Kennedy y Jrushchov: los soviéticos retirarían los misiles a cambio de que Estados Unidos se comprometiera a no invadir Cuba y retirara sus propios misiles de Turquía.
Castro no fue consultado sobre ese acuerdo. Estaba furioso. Jrushchov había negociado por encima de su cabeza, tratando a Cuba como un peón en el ajedrez de las superpotencias.
El Che sacó conclusiones distintas. Para él, la Crisis de los Misiles demostraba que las superpotencias siempre preferirían negociar entre sí antes que arriesgarse a la guerra nuclear. En 1965, el Che dejó Cuba para ir a aplicar su propia teoría revolucionaria. Primero en el Congo, donde fracasó. Luego en Bolivia, donde fue capturado y ejecutado el 9 de octubre de 1967. Su muerte a los treinta y nueve años lo convirtió en el mártir de la izquierda latinoamericana. La foto que Alberto Korda le había tomado en 1960 se convirtió en una de las imágenes más reproducidas del siglo veinte, estampada en remeras, carteles y murales en todo el mundo.
> "La revolución cubana fue un acontecimiento genuinamente popular en 1959 y un símbolo poderoso para la izquierda latinoamericana, pero su legado sigue siendo profundamente ambivalente."
Castro gobernó Cuba durante cuarenta y nueve años, hasta que en 2008 cedió formalmente el poder a su hermano Raúl por problemas de salud. Murió en noviembre de 2016 a los noventa años. En ese tiempo, Cuba sobrevivió el colapso de la Unión Soviética, décadas de embargo americano, y diez presidentes americanos, todos los cuales intentaron derrocarlo o presionarlo de distintas maneras.
El legado es ambivalente. Cuba tiene indicadores de salud y educación que superan a muchos países de América Latina bastante más ricos. La Campaña de Alfabetización de 1961 redujo el analfabetismo del 23% a menos del 4% en un año. Pero Cuba también ha tenido presos políticos durante décadas, persiguió a los homosexuales en campos de trabajo forzado, censuró la prensa y la literatura, y generó una emigración masiva de su población más calificada.
El embargo americano a Cuba dura más de sesenta años. Es el más largo de la historia moderna. Sigue siendo uno de los elementos más debatidos de la política exterior americana. Lo que es indudable es que la revolución cubana, nacida de dieciséis hombres en una sierra montañosa en 1956, cambió el destino de una isla y dejó una huella indeleble en la política mundial del siglo veinte.
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