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La segunda Guerra Mundial
Episodio 34

La segunda Guerra Mundial

Andres AguilarAndres Aguilar

El 1 de septiembre de 1939, el acorazado alemán Schleswig-Holstein abrió fuego sobre Polonia a las 4:47 de la madrugada. Fue la primera salva de la Segunda Guerra Mundial. Seis años después, habían muerto entre 70 y 85 millones de personas.


En la mañana del 1 de septiembre de 1939, el acorazado alemán Schleswig-Holstein abrió fuego sobre una guarnición polaca en la Bahía de Danzig a las 4:47 de la madrugada. Fue la primera salva de la Segunda Guerra Mundial. Seis años después, cuando todo terminó, habían muerto entre 70 y 85 millones de personas. El 3% de la población mundial había sido aniquilado. Ciudades enteras habían sido borradas del mapa. Dos bombas atómicas habían demostrado que la humanidad ahora tenía la capacidad de destruirse a sí misma de manera total.

La Segunda Guerra Mundial es el conflicto más destructor de la historia. Pero también es el más documentado, el más estudiado, y en muchos sentidos el que más claramente define el mundo en que vivimos. El orden internacional de hoy, las Naciones Unidas, el concepto de crimen de lesa humanidad, la creación del Estado de Israel, el inicio de la Guerra Fría: todo eso emergió directamente de lo que pasó entre 1939 y 1945.

¿Cómo se llegó ahí? Y ¿qué hace que este conflicto sea tan diferente a cualquier guerra anterior? Las respuestas están en las decisiones políticas equivocadas de una década anterior, en la soberbia de un régimen totalitario, y en el costo humano más alto que la humanidad haya pagado jamás.


Las raíces: el mundo que construyó el Tratado de Versalles

La Segunda Guerra Mundial no empezó en 1939. Empezó a gestarse en 1919, cuando el Tratado de Versalles le impuso a Alemania condiciones que economistas y estadistas advirtieron inmediatamente que serían catastróficas. Alemania salió de la Primera Guerra Mundial con una economía destrozada, un ejército reducido a cien mil hombres, la pérdida del 13% de su territorio, y la obligación de pagar reparaciones de guerra de una magnitud que varios economistas calcularon como imposible de cumplir.

El resentimiento fue profundo y generalizado. No era solo de los militares ni de los ultranacionalistas. Era de la clase media, de los trabajadores, de los intelectuales que sentían que Alemania había sido tratada injustamente. Y encima de ese resentimiento, se superpusieron dos crisis económicas devastadoras.

La hiperinflación de 1923 destruyó los ahorros de la clase media alemana. En esa época, se necesitaban literalmente millones de marcos para comprar una barra de pan. Familias que habían tardado décadas en acumular un pequeño capital lo vieron evaporarse en meses. Y cuando esa crisis empezó a calmarse, llegó la Gran Depresión de 1929, que disparó el desempleo alemán hasta el 30%.

En ese contexto de humillación nacional y crisis económica, Adolf Hitler y el Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores fueron ganando apoyo electoral de manera completamente legal. En las elecciones de 1932, el partido nazi obtuvo el 37% de los votos, convirtiéndose en la primera fuerza parlamentaria. Hitler llegó al poder como canciller en enero de 1933 dentro de una coalición de gobierno. Los políticos conservadores que lo incorporaron a esa coalición pensaban que podían controlarlo. Que lo usarían para sus propios fines y lo descartarían cuando ya no fuera útil. Ese cálculo fue uno de los errores políticos más costosos de la historia.

> "En menos de dos años, Hitler eliminó a la oposición política mediante una mezcla de legislación de emergencia y violencia abierta. Tomó control de la prensa, disolvió los sindicatos, y consolidó un régimen totalitario de partido único."

En 1935, violando abiertamente el Tratado de Versalles, reinstauró el servicio militar obligatorio y empezó a rearmar a Alemania masivamente. Las potencias europeas miraron y no hicieron nada sustancial. Francia y Gran Bretaña estaban paralizadas por el pacifismo de posguerra y la creencia de que Hitler era un mal menor frente al comunismo soviético.


La política del apaciguamiento y sus consecuencias

Lo que hicieron Francia y Gran Bretaña durante los años treinta tiene nombre: apaciguamiento. La lógica era concederle a Hitler demandas consideradas razonables para evitar otra guerra. Después de la carnicería de 1914-1918, nadie en Europa quería volver a la guerra. El pacifismo era profundo y amplio en la opinión pública. Había encuestas en Gran Bretaña donde la mayoría de la población se declaraba dispuesta a aceptar cualquier condición antes que la guerra.

En marzo de 1936, Alemania remilitarizó la Renania, zona desmilitarizada por el Tratado de Versalles. Francia y Gran Bretaña protestaron diplomáticamente y no hicieron nada. En marzo de 1938, Hitler anexó Austria. Tampoco pasó nada. En septiembre de 1938, en la Conferencia de Múnich, Gran Bretaña y Francia le entregaron a Alemania los Sudetes, la región occidental de Checoslovaquia con mayoría étnica alemana. Lo hicieron sin consultar a los checos, que fueron simplemente informados de lo que se había decidido sobre su territorio.

El primer ministro británico Neville Chamberlain volvió a Londres con un papel firmado por Hitler prometiendo que no tendría más demandas territoriales. Descendió del avión y declaró que había asegurado "paz en nuestro tiempo". Seis meses después, en marzo de 1939, Alemania ocupó el resto de Checoslovaquia, violando el acuerdo que Chamberlain creía haber obtenido.

El apaciguamiento había fracasado. En agosto de 1939, Hitler y Stalin firmaron el Pacto Molotov-Ribbentrop, un acuerdo de no agresión entre los dos regímenes totalitarios que ideológicamente eran enemigos jurados. El pacto incluía un protocolo secreto dividiendo Europa del Este en esferas de influencia. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia desde el oeste. El 17 de septiembre, la Unión Soviética invadió desde el este. Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania, pero Polonia cayó en menos de un mes.


La Blitzkrieg: la guerra como tormenta

En mayo de 1940, Alemania lanzó su ofensiva contra Francia y los Países Bajos con una velocidad y ferocidad que dejó al mundo atónito. La táctica se llamó Blitzkrieg, guerra relámpago: avance rápido coordinado de tanques, infantería motorizada y apoyo aéreo cercano, diseñado para atravesar las líneas enemigas antes de que el adversario pudiera reorganizarse.

Los alemanes atravesaron las Ardenas, un terreno boscoso y accidentado que los planificadores militares franceses y británicos habían considerado prácticamente impenetrable para los tanques. El plan aliado preveía que el ataque principal vendría por Bélgica, y hacia allí movieron sus mejores unidades. Pero fue un engaño. El grueso del ejército alemán apareció donde nadie lo esperaba. En seis semanas, Francia capituló. Fue un colapso que nadie anticipó. El ejército francés era en papel uno de los más grandes y mejor equipados de Europa. La Línea Maginot, la enorme red de fortines que Francia había construido a lo largo de su frontera con Alemania, era considerada inexpugnable. Pero los alemanes la rodearon por el norte.

Unos trescientos treinta mil soldados aliados, en su mayoría británicos, quedaron atrapados en la costa francesa en Dunkerque. En una operación desesperada y extraordinaria, fueron evacuados al otro lado del Canal de la Mancha en nueve días, usando una flota improvisada de barcos militares y civiles de todo tipo. Winston Churchill, que había reemplazado a Chamberlain como primer ministro días antes, presentó la evacuación de Dunkerque no como derrota sino como milagro. En el discurso más famoso de su carrera, prometió que Gran Bretaña lucharía en las playas, en los campos, en las calles, en las colinas. Que nunca se rendiría.

Gran Bretaña quedó sola frente a Alemania. Y Hitler lanzó la Batalla de Inglaterra: una campaña de bombardeos aéreos diseñada para destruir la Fuerza Aérea Real y preparar la invasión anfibia. La Luftwaffe bombardeó primero aeropuertos y bases de radar. Luego ciudades. Londres fue bombardeada durante cincuenta y siete noches consecutivas en lo que se llamó el Blitz. Pero la RAF resistió. Los pilotos británicos, reforzados por polacos y checos que habían escapado de sus países ocupados, sostuvieron el cielo. Por primera vez, la maquinaria de guerra alemana no logró su objetivo. La invasión de Gran Bretaña nunca llegó.


El frente oriental: Barbarroja

En junio de 1941, Hitler lanzó la Operación Barbarroja: la invasión de la Unión Soviética. Fue el frente que decidió la guerra en Europa.

Fue la mayor invasión terrestre de la historia. Tres millones de soldados alemanes más sus aliados invadieron la Unión Soviética a lo largo de un frente de casi tres mil kilómetros. La doctrina nazi veía a los eslavos como una raza inferior y a la URSS como un enorme espacio vital que debía ser conquistado y colonizado. Los prisioneros de guerra soviéticos no fueron tratados como prisioneros según la Convención de Ginebra. De los casi cinco millones de soldados soviéticos capturados durante la guerra, más de tres millones murieron en cautiverio de hambre, frío y ejecuciones sistemáticas.

El plan era derrotar a la URSS en doce semanas. En las primeras semanas, el avance fue fulminante. Stalin había recibido advertencias de inteligencia de múltiples fuentes, incluyendo su propio espionaje, de que Alemania atacaría. Las ignoró porque creía que eran provocaciones del lado aliado para arrastrarlo a la guerra. El resultado fue que el ejército soviético fue tomado completamente por sorpresa. Millones de soldados cayeron prisioneros en los primeros meses.

Pero la URSS era un país de dimensiones casi continentales. Las primeras divisiones fueron destruidas, pero detrás venían más. Y el invierno llegó. El ejército alemán no tenía ropa adecuada para temperaturas de cuarenta grados bajo cero porque el plan era ganar antes de que llegara el frío. La Batalla de Moscú, en el otoño y el invierno de 1941, frenó a los alemanes a las puertas de la capital. Fue el primer fracaso estratégico importante de Alemania en la guerra.

En 1942, Alemania lanzó una nueva ofensiva hacia el sur, hacia los campos petrolíferos del Cáucaso. El punto de quiebre fue Stalingrado. La batalla por esta ciudad industrial a orillas del Volga fue de una ferocidad sin precedentes. Los alemanes tomaron la mayor parte de la ciudad combatiendo edificio por edificio, piso por piso, habitación por habitación. Los soviéticos contraatacaron en noviembre de 1942 y rodearon al Sexto Ejército alemán con más de 300.000 hombres. Hitler prohibió cualquier intento de ruptura o rendición. El general Paulus capituló en febrero de 1943. De los más de 330.000 hombres del Sexto Ejército al inicio de la batalla, apenas 91.000 sobrevivieron para rendirse, y de esos, solo unos 6.000 volvieron a Alemania después de la guerra.

Stalingrado fue el punto de inflexión. Desde ese momento, los alemanes retrocedieron en el frente oriental, sin volver a tomar la iniciativa estratégica.


El Holocausto: el crimen que define la guerra

La Segunda Guerra Mundial no fue solo una guerra entre estados. Fue también el escenario del mayor crimen organizado contra una población civil en la historia: el Holocausto.

Desde el inicio del régimen nazi en 1933, los judíos alemanes habían sido progresivamente despojados de sus derechos, de sus propiedades y de su lugar en la sociedad mediante una serie de leyes discriminatorias. En noviembre de 1938, la Noche de los Cristales Rotos fue un pogromo organizado por el Estado que destruyó sinagogas y negocios judíos en toda Alemania. Pero la "Solución Final", el plan para el exterminio sistemático de todos los judíos bajo control alemán, fue articulada en la Conferencia de Wannsee en enero de 1942.

Seis millones de judíos fueron asesinados. La mayor parte en campos de exterminio construidos específicamente para ese fin en la Polonia ocupada: Auschwitz-Birkenau, Treblinka, Sobibor, Belzec, Chelmno, Majdanek. Familias enteras eran deportadas en trenes de ganado durante días sin comida ni agua. Llegaban a los campos y en cuestión de horas los que no podían trabajar eran gaseados. Era una maquinaria industrial de muerte. También fueron asesinados entre tres y cuatro millones de prisioneros de guerra soviéticos, cientos de miles de romaníes, personas con discapacidades, homosexuales, y opositores políticos.

El Holocausto no fue un accidente de guerra. Fue una decisión política deliberada ejecutada con la burocracia, la tecnología y la logística de un estado moderno en el centro de Europa. Cuando los Aliados fueron liberando los campos al final de la guerra, lo que encontraron superó lo que muchos creían posible. Muchos soldados aliados que entraron a los campos dijeron que no tenían palabras para describir lo que vieron.


El teatro del Pacífico

Mientras todo esto pasaba en Europa, del otro lado del mundo se abría un frente completamente distinto, con otros protagonistas y otra lógica.

Japón había estado expandiéndose militarmente por Asia desde los años treinta. Invadió Manchuria en 1931. Invadió China en 1937. Y en 1940 firmó el Pacto Tripartito con Alemania e Italia. El 7 de diciembre de 1941, la aviación japonesa atacó la base naval americana de Pearl Harbor en Hawái. Fue un ataque por sorpresa en un domingo de mañana. Murieron 2.403 americanos. Casi todos los aviones estacionados en las bases aéreas hawaianas fueron destruidos en tierra. Al día siguiente, Estados Unidos declaró la guerra a Japón. Alemania e Italia, como aliados del Pacto Tripartito, declararon la guerra a Estados Unidos.

La entrada de Estados Unidos cambió la ecuación global de la guerra. Era la mayor economía del mundo, con una capacidad industrial que ningún otro país podía igualar. En 1942, la producción de armamento americana ya superaba a la de Alemania, Japón e Italia combinados.

La guerra en el Pacífico fue una guerra de islas. Los americanos avanzaron isla por isla desde el Pacífico sur hacia Japón con costos enormes en cada batalla. Guadalcanal duró seis meses y fue una carnicería. Iwo Jima costó casi siete mil muertos americanos en un mes. Okinawa, la batalla más grande del Pacífico, duró casi tres meses y costó doce mil vidas americanas y cien mil japonesas. Japón resistía con una ferocidad que se explicaba en parte por el código cultural del bushido: la rendición era un deshonor absoluto. Los soldados japoneses preferían suicidarse antes que rendirse. Los pilotos kamikazes se lanzaban en sus aviones cargados de explosivos contra los barcos americanos.


El fin de la guerra en Europa

En Europa, la guerra terminó en mayo de 1945. El Día D, el 6 de junio de 1944, los Aliados desembarcaron en Normandía en la operación anfibia más grande de la historia. Más de 150.000 soldados cruzaron el Canal de la Mancha en el primer día. El desembarco fue posible gracias a una enorme operación de engaño que convenció al mando alemán de que el ataque principal vendría por el Paso de Calais, no por Normandía.

El avance desde Normandía fue lento al principio, luego se aceleró. París fue liberada en agosto de 1944. En diciembre, Alemania lanzó una última ofensiva desesperada en las Ardenas, la Batalla del Bulge, que retrasó el avance aliado pero no lo detuvo. Desde el este, el ejército soviético avanzaba hacia Berlín pagando un precio enorme: la batalla por Berlín sola costó 80.000 muertos soviéticos.

Hitler se suicidó en su búnker bajo la Cancillería de Berlín el 30 de abril de 1945, mientras los soviéticos estaban a pocos cientos de metros. El 8 de mayo de 1945, Alemania se rindió incondicionalmente. Fue el fin de la guerra en Europa.


Las bombas atómicas y el fin de la guerra en el Pacífico

En el Pacífico, la guerra continuó. Los planificadores militares americanos estimaban que la invasión de las islas principales de Japón costaría entre 250.000 y un millón de bajas americanas, y varios millones de japoneses. El presidente Truman tomó la decisión de usar las bombas atómicas que el Proyecto Manhattan había desarrollado en secreto durante tres años con un costo de dos mil millones de dólares.

El 6 de agosto de 1945, una bomba atómica de uranio apodada "Little Boy" destruyó Hiroshima. La explosión fue equivalente a quince mil toneladas de TNT. Murieron entre 70.000 y 80.000 personas en el instante de la explosión. La ciudad prácticamente desapareció. En los meses siguientes, otras 60.000 personas morirían de las radiaciones y las quemaduras. El 9 de agosto, una bomba de plutonio apodada "Fat Man" destruyó Nagasaki con resultados similares. El 15 de agosto de 1945, el emperador Hirohito anunció la rendición de Japón en un discurso de radio. Fue la primera vez que la mayoría de los japoneses escuchaba la voz de su emperador.

La decisión de usar las bombas sigue siendo uno de los debates históricos más intensos. Truman argumentó que evitó la invasión de Japón y salvó millones de vidas en ambos lados. Los críticos señalan que Japón estaba a punto de rendirse de todas formas dado el bloqueo naval y los bombardeos convencionales, que la Unión Soviética acababa de declarar la guerra a Japón lo que también podría haber acelerado la rendición, y que la verdadera audiencia de la bomba era también la URSS: una demostración de poderío en el inicio de la Guerra Fría.


El mundo después

El mundo que emergió de esa destrucción fue radicalmente distinto al de 1939. Las Naciones Unidas fueron creadas en 1945. Los juicios de Núremberg establecieron que los crímenes de guerra y de lesa humanidad no podían quedar impunes por haber sido cometidos en nombre de un estado. La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue adoptada en 1948.

Europa quedó dividida entre las esferas de influencia americana y soviética. La Guerra Fría comenzó casi antes de que terminara la guerra caliente. El Plan Marshall reconstruyó Europa occidental con fondos americanos. La cortina de hierro cayó sobre Europa del este, donde los regímenes comunistas instalados por la URSS gobernarían durante cuatro décadas.

El Estado de Israel fue creado en 1948, en parte como respuesta a la escala del Holocausto. El mundo colonial europeo empezó a desintegrarse: las potencias europeas, agotadas por la guerra, no podían sostener sus imperios. La independencia de India, de Indonesia, de los países africanos en los cincuenta y sesenta fue acelerada por el agotamiento europeo.

> "La Segunda Guerra Mundial ocurrió en el corazón de la civilización occidental. Los perpetradores del Holocausto eran ciudadanos de uno de los países con mayor tradición filosófica, musical y científica de Europa. El horror no vino de afuera de la civilización. Vino de adentro."

Hay algo que vale decir al final. La Segunda Guerra Mundial ocurrió en el corazón de la civilización occidental, en el continente que se consideraba a sí mismo el más avanzado y racional del mundo. Los perpetradores del Holocausto eran ciudadanos de uno de los países con mayor tradición filosófica, musical y científica de Europa. Thomas Mann y Beethoven y Kant eran alemanes. Y también lo fueron los arquitectos del exterminio industrial de millones de personas. Eso es lo que hace que la Segunda Guerra Mundial sea tan perturbadora todavía hoy. El horror no vino de afuera de la civilización. Vino de adentro.


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