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Captain America y la Segunda Guerra Mundial
Episodio 10

Captain America y la Segunda Guerra Mundial

Andres AguilarAndres Aguilar

Captain America y la Segunda Guerra Mundial: contexto, datos clave e historias que vale la pena leer con calma.

En marzo de 1941, en los kioscos de Estados Unidos apareció una tapa de cómic que no pasó desapercibida. Un hombre con escudo, traje rojo, blanco y azul, le pegaba un trompada en la cara a Adolf Hitler. El cómic se llamaba Captain America Comics #1. Lo habían creado Joe Simon y Jack Kirby.

La respuesta fue inmediata. La editorial recibió llamadas amenazantes. Cartas de grupos simpatizantes del nazismo que prometían represalias. La sede en Nueva York fue vigilada de cerca durante semanas.

El alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, llamó personalmente a la editorial para ofrecer protección policial. Y les mandó un mensaje a Simon y Kirby que los artistas recordaron toda su vida: el alcalde estaba de su lado.

Captain America #1 se vendió un millón de copias en el primer mes. Era diciembre de 1941. Estados Unidos todavía no había entrado en la guerra.

Bienvenidos a En Veinte Minutos. Hoy, la historia del Capitán América y su relación indisoluble con la Segunda Guerra Mundial.


Dos pibes de Brooklyn contra Hitler

Joe Simon tenía veintisiete años cuando se le ocurrió la idea de un superhéroe específicamente patriótico. Era 1940. La guerra había empezado en Europa. Estados Unidos estaba dividido: una parte del país quería mantenerse al margen, otra parte sabía que tarde o temprano iban a tener que entrar.

Simon dibujó un boceto. Un tipo con escudo, con traje de los colores de la bandera americana. Se lo mostró a Jack Kirby.

Kirby, que tenía veintitrés años, agarró el boceto y lo transformó. Agrandó la figura. Le dio más fuerza, más movimiento. Y sobre todo diseñó el escudo: no el escudo ovalado del primer boceto, sino el redondo, perfecto, que iba a convertirse en uno de los diseños más reconocibles de la historia de los cómics.

La historia del escudo tiene un pequeño drama editorial. La primera versión era un escudo de forma helicoidal, parecido al de otro personaje que una editorial rival ya usaba. Timely —la editorial que después se convertiría en Marvel— recibió quejas y tuvo que cambiar el diseño. El escudo circular fue la solución. Y terminó siendo mejor.

Simon y Kirby crearon el origen completo: Steve Rogers, el pibe delgado de Brooklyn que quiere alistarse y que el ejército rechaza por su físico. El experimento del super soldado. El suero que transforma un cuerpo débil en algo perfecto. La mano del destino que interviene: el científico que hizo posible el experimento muere en el acto de sabotaje que sigue, y su fórmula se pierde para siempre. Steve Rogers es el único super soldado que va a existir.

> "Steve Rogers no es interesante porque sea fuerte. Es interesante porque era débil y decidió no serlo. El suero amplifica lo que ya estaba ahí. No creó al héroe. Lo desbloqueó."

El Capitán América fue concebido como propaganda explícita. No es una lectura crítica posterior: Simon y Kirby lo admitieron abiertamente. Querían hacer un personaje que representara los valores que ellos —hijos de inmigrantes judíos, como Siegel, Shuster y Kirby— creían que Estados Unidos debía defender frente al nazismo.

La tapa del número uno, con Cap golpeando a Hitler, no fue un accidente editorial. Fue una declaración. Ocho meses antes de Pearl Harbor, dos pibes judíos de Nueva York le estaban pegando al canciller alemán en la cara de una revista para chicos.

No todo el mundo lo recibió bien. Pero sí suficiente gente. Un millón de copias en el primer mes.

Los primeros números de Captain America son historias directas, sin mucha ambigüedad: nazis, espías, sabotajes, y Cap cayendo sobre todos ellos. El tono era el de los seriales de aventuras de la época, pero con un contenido político explícito que pocos se atrevían a tener.

Kirby dibujaba con una energía que pocos artistas podían igualar. Las peleas eran coreografías imposibles. Cap volaba por el aire, usaba el escudo como arma de rebote, se movía entre docenas de enemigos al mismo tiempo. Había algo en esas páginas que transmitía fisicidad, peso, urgencia.

El partner de Cap era Bucky Barnes. James Buchanan Barnes, un chico joven que servía de compañero y que en esa primera era era básicamente el sidekick clásico: entusiasta, valiente, mortal. Su función narrativa era hacer que Cap pareciera más humano, tener alguien con quien hablar, alguien a quien proteger.

En diciembre de 1941, Japón atacó Pearl Harbor. Estados Unidos entró en la guerra. Y el Capitán América pasó de ser una declaración ideológica a ser casi una herramienta de reclutamiento. El personaje aparecía en materiales de propaganda del gobierno. Las ventas siguieron altas. La guerra le dio a Cap la audiencia perfecta: soldados que querían creer en algo.

La pelea con la editorial

Pero la relación entre Simon, Kirby y la editorial era tensa. El contrato original les daba un porcentaje de las ganancias de la serie. Timely no estaba pagando ese porcentaje. Simon y Kirby descubrieron el engaño, se enojaron, y en 1942 se fueron a DC Comics.

La situación era tan tensa que Martin Goodman —el dueño de Timely— los demandó por violación de contrato. El litigio se resolvió fuera de la corte. Simon y Kirby recibieron algo de dinero. Y el Capitán América siguió publicándose sin sus creadores.

Después de la guerra, el personaje perdió relevancia rápidamente. El enemigo había desaparecido. ¿Contra quién peleaba Captain America en tiempos de paz? Las ventas cayeron. La serie fue cancelada en 1950.

Lo que pasó después es uno de los episodios más raros de la historia del cómic.

El regreso fallido de los años 50

En 1953, en plena Guerra Fría y en el peor momento del macartismo, Timely —ahora llamada Atlas— intentó relanzar al Capitán América. La premisa era simple: el Comunismo había reemplazado al Nazismo como enemigo. Cap peleaba ahora contra espías soviéticos.

El problema es que ese Capitán América de los 50 era alguien diferente. Más paranoico. Más agresivo. Menos noble. La crueldad del Capitán América de la Guerra Fría no cuadraba del todo con el personaje original. No hay información definitiva sobre si era el mismo Steve Rogers o alguien diferente —la continuidad posterior inventó que era un impostor, otro hombre al que habían dado el suero y que era psicológicamente inestable— pero el contraste es notable.

Ese relanzamiento tampoco funcionó. La serie fue cancelada de nuevo en 1954.

Y entonces llegaron los 60.

El hombre congelado en el hielo

Stan Lee y Jack Kirby volvieron a trabajar juntos en Marvel —ya con ese nombre— y en 1964, en The Avengers #4, decidieron traer de vuelta al Capitán América. El mecanismo que usaron para justificar el regreso es elegante y se convirtió en parte esencial del personaje para siempre.

Steve Rogers no desapareció al final de la guerra. Siguió en misión, en algún momento de 1945, y en esa misión algo salió mal: Bucky murió en una explosión y Cap quedó atrapado en el Ártico, congelado en el hielo. Y ahí estuvo, literalmente en animación suspendida, hasta que los Vengadores lo encontraron décadas después.

> "El hombre fuera de su tiempo. El soldado que ganó la guerra pero no pudo volver a casa."

Esa idea —Steve Rogers llegando al siglo XX después de décadas congelado— es dramáticamente poderosa y abrió una dimensión nueva en el personaje que los escritores explotaron durante décadas.

Cap en los 60 no estaba seguro de dónde encajaba. Sus valores eran los de 1943: lealtad, deber, honor, confianza en las instituciones. El mundo de 1964 era diferente. Había movimientos civiles. Había contracultura. Había Vietnam. Había una desconfianza creciente en el gobierno que Steve Rogers simplemente no podía procesar.

Los mejores escritores de Cap usaron esa tensión como motor narrativo. No era nostálgico de manera torpe. Era un hombre que genuinamente creía en los ideales y que tenía que aprender cuándo esos ideales estaban siendo traicionados por las propias instituciones que decían defenderlos.

Secret Empire y la traición del sistema

El ejemplo más dramático de eso es Secret Empire, en 1974. El arco fue escrito por Steve Englehart y es uno de los más citados cuando se habla de las historias más valientes del cómic mainstream americano.

Secret Empire arrancó en pleno Watergate. Nixon estaba siendo investigado por el escándalo. La desconfianza en el gobierno era máxima. Englehart desarrolló una historia donde la organización criminal HYDRA se infiltraba en las más altas esferas del gobierno norteamericano. En la conclusión, Cap se enfrenta al líder de Secret Empire y descubre que esa persona lleva máscara. Le saca la máscara y reconoce al hombre. No dice su nombre, pero el contexto y las descripciones dejaban claro que era el presidente.

Era 1974. Nixon renunció ese mismo año.

La reacción de Cap fue que sus ideales y la realidad del gobierno de su país no podían reconciliarse. Renunció a ser el Capitán América. Se convirtió en Nomad —un hombre sin nación— durante un tiempo.

Ese arco estableció una pregunta que el personaje llevaría consigo para siempre: ¿qué hace un patriota cuando el país traiciona sus propios valores? ¿Seguís siendo leal a la bandera o a los principios que la bandera se supone que representa?

Esa pregunta no tiene respuesta fácil. Y los mejores escritores de Cap resistieron la tentación de darla.

Bucky, el Soldado de Invierno

La historia de Bucky merece su propia mención, porque sufrió una de las transformaciones más drásticas de la historia del personaje en los cómics.

Durante décadas, Bucky fue el "muerto de Marvel que no vuelve". En la industria del cómic, los personajes muertos vuelven constantemente —es una broma recurrente entre fans. Pero había dos muertes que se consideraban definitivas: la de Gwen Stacy y la de Bucky Barnes. Eran las que ponían peso dramático real en las historias, porque eran irreversibles.

En 2005, Ed Brubaker cambió eso.

Captain America bajo la pluma de Brubaker es considerado hoy uno de los mejores runs de un solo escritor en un personaje de Marvel. Brubaker tomó a Bucky, lo trajo de vuelta como el Soldado de Invierno —Winter Soldier— un asesino entrenado por los soviéticos que había perdido la memoria y había sido usado como arma durante décadas— y lo integró en una narrativa de thriller político que se sentía completamente contemporánea.

La revelación de que el Soldado de Invierno era Bucky fue uno de los mejores giros argumentales de los cómics de los 2000. No es un truco barato. Está construido con paciencia a lo largo de varios números. Y cuando llega, tiene peso emocional real porque Brubaker había trabajado intensamente la relación entre Steve y Bucky en los flashbacks de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando Steve muere —Brubaker también mató a Steve Rogers en 2007, después del arco de Civil War, en un asesinato frío en la escalinata de un juzgado— Bucky se convierte en el nuevo Capitán América. Es la primera vez desde los años 50 que alguien distinto de Steve Rogers lleva el escudo.

Bucky como Cap funcionó bien. Era un Cap más oscuro, más moral y ético, con un pasado de sangre que Steve nunca había tenido. Duró algunos años antes de que Steve volviera.

La muerte de Steve Rogers en 2007 fue otro momento en que la industria demostró que podía hacer cosas que generaban cobertura masiva. Los diarios publicaron la noticia. Los canales de noticias hablaron del tema. Y los fans fueron a las librerías a comprar el número. Duró menos que la muerte de Barry Allen: Steve volvió en 2009. La narrativa fue que no había muerto de verdad sino que había quedado atrapado en el tiempo, repitiendo momentos de su pasado, una y otra vez. Brubaker también escribió el regreso. Era consistente con el tono de toda su etapa en el personaje: oscura, seria, con una sensibilidad de thriller que envejeció muy bien.

De la página a la pantalla

El cine hizo algo interesante con todo esto. Las películas de Marvel, empezando con Captain America: The First Avenger en 2011, usaron el material canónico de manera inteligente. Chris Evans construyó un Steve Rogers que era genuinamente noble sin ser aburrido, lo cual es el desafío central del personaje. The Winter Soldier en 2014 es considerada por muchos la mejor película individual del MCU: un thriller político con referencias explícitas al estado de vigilancia post-11 de septiembre.

En esa película, Cap descubre que SHIELD —la organización que se supone que defiende los valores americanos— fue infiltrada desde el principio por HYDRA. Es Secret Empire de Englehart, cuarenta años después, para una audiencia de cien millones de personas.

Y el final del arco de Steve Rogers en el MCU —en Avengers: Endgame— eligió la variante más emotiva de todas: Steve viaja al pasado para devolver las Gemas del Infinito y decide quedarse. Vivir la vida que no pudo tener. Volver viejo.

Es la solución opuesta a la del cómic, donde Steve vuelve al presente y sigue. En la película, el hombre fuera de tiempo eligió irse de vuelta a su tiempo. Es una interpretación completamente válida y hermosa del personaje.

Hay algo en el Capitán América que sigue resonando casi noventa años después de su creación, y no es el escudo ni el traje.

Es la idea de que los valores no son relativos. Que hay cosas por las que vale la pena luchar aunque seas el único en la sala que lo ve. Steve Rogers es el hombre que siempre puede hacer la cosa correcta porque la vio clara desde antes de tener poderes.

> "'I can do this all day' —puedo hacer esto todo el día— es la frase que lo define. No es bravura. Es obstinación moral. Es un hombre que no se cansa de defender lo que cree correcto."

Civil War y la pregunta sobre el Estado

El arco de Civil War de Mark Millar —2006 y 2007— es el otro gran momento político del personaje en los cómics modernos. La historia ponía a los superhéroes de Marvel frente a una decisión del gobierno: registrarse, revelar sus identidades, operar bajo supervisión federal. Tony Stark apoyaba el registro. Steve Rogers se oponía.

Era un debate sobre libertad civil versus seguridad. Sobre si el Estado tiene derecho a regular a los individuos que actúan fuera de la ley, aunque lo hagan por buenas razones. El contexto era el período posterior al 11 de septiembre: la Patriot Act, el debate sobre vigilancia, la tensión entre seguridad y libertad individual.

Cap representaba la posición de que los héroes tenían que mantener su independencia. Que el gobierno no siempre tiene la razón. Que ceder el control lleva a consecuencias que no se pueden prever. Era la misma posición de Secret Empire: la desconfianza en el Estado, construida en el DNA del personaje desde que Englehart la instaló en los 70.

Civil War terminó con Cap rindiéndose, no porque cambiara de posición sino porque entendió que la guerra civil entre héroes estaba causando más daño que el bien que pretendía defender. Se entregó. Y días después fue asesinado.

La película Captain America: Civil War de 2016 usó la misma premisa y la adaptó al MCU con resultados mixtos: la escena de acción final en el aeropuerto fue un espectáculo monumental, pero el debate político fue más superficial que en los cómics. Las películas tienen menos espacio para las ideas. Cap y Tony peleaban por razones personales tanto como por razones filosóficas.

El traje como declaración

El diseño visual de Cap es otro elemento que merece atención. El traje original de Simon y Kirby era una adaptación de la bandera americana. Rojo, blanco, azul. La A en el casco. El escudo circular. Era un diseño pensado para transmitir una sola cosa: este tipo representa a Estados Unidos.

Con los años, el traje tuvo variaciones. Algunas funcionaron mejor que otras. El Nomad de los años 70 —el alias que Cap usó cuando renunció— tenía un traje azul y dorado que era visualmente interesante pero que no tenía la misma lectura inmediata. El traje blindado de los años 90 fue un experimento que nadie recuerda con cariño.

El traje clásico siempre volvió. Porque tiene una lógica que trasciende la moda: es una bandera caminando. Cada vez que aparece ese diseño en una tapa, sabés exactamente qué tipo de historia vas a leer.

Las películas del MCU tomaron decisiones interesantes con el diseño. El traje de la Segunda Guerra Mundial en The First Avenger era deliberadamente retro: colores más apagados, corte de los años 40, algo de utilería militar. El traje de The Avengers era más plástico, más de superhéroe de película. El traje de The Winter Soldier era un uniforme de operaciones especiales azul oscuro, casi sin rojo, casi sin el iconografismo patriótico. Cada película eligió la versión del traje que correspondía con el tono de la historia.

Hay una historia sobre el traje de The Winter Soldier que dice algo sobre la actitud del equipo creativo de las películas. El director de arte quería hacer algo que se viera operacional, funcional, sin el iconografismo patriótico explícito. Un traje para un hombre que trabaja en las sombras. Steve Rogers en esa película desconfía de SHIELD, sospecha que las cosas no son lo que parecen, está en un mundo de espionaje donde los colores de la bandera serían una desventaja táctica.

El uniforme refleja ese estado mental. No es el mismo Cap que en The Avengers. Es el mismo hombre en una situación diferente que requiere moverse diferente. Eso es fidelidad al personaje de una manera que va más allá de la fidelidad literal: no es copiar el cómic, es entender qué comunica cada versión del traje y elegir la correcta para cada historia.

El legado

Hay también algo que el cómic de Cap hizo sistemáticamente bien desde los 60 y que las películas heredaron: los flashbacks de la guerra. Cada vez que querés mostrar quién es Steve Rogers de verdad, volvés a la Segunda Guerra Mundial. A los Howling Commandos. A Peggy Carter. Al período en que el suero no era todavía una distancia entre él y el mundo, sino algo que le daba la posibilidad de hacer lo que siempre había querido.

Los mejores momentos del Cap de Brubaker son esos cortes al pasado. Steve en 1943, con Bucky, en una operación en Europa. La juventud, la camaradería, la certeza moral que la guerra permite aunque no debería. Después de ese período, todo lo demás es más complicado.

Joe Simon y Jack Kirby crearon ese personaje como respuesta a Hitler. Lo dibujaron golpeándolo en la tapa antes de que Estados Unidos estuviera en guerra. Fue un acto de valentía política disfrazado de entretenimiento para chicos.

El personaje sobrevivió a la guerra que lo creó. Sobrevivió a décadas de cancelaciones y relanzamientos. Sobrevivió a versiones paranoides y versiones edulcoradas. Sobrevivió incluso al intento reciente —y fallido— de convertirlo en agente de HYDRA.

Sobrevivió porque la pregunta que su existencia plantea sigue siendo relevante: ¿qué hacés cuando el sistema que juró defender los valores que te importan los traiciona?

No es una pregunta con respuesta fácil. Cap la vive en cada historia.

Y eso es suficiente.

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