
La Revolución Francesa
La Revolución Francesa cambió para siempre la historia de Europa. En este episodio exploramos sus causas, protagonistas y consecuencias, desde la caída de la monarquía hasta el nacimiento de los ideales modernos de libertad e igualdad.

Para este primer episodio, elegí empezar con la Revolución Francesa porque creo que es el evento más relevante de la historia moderna. Si tenés que entender un solo momento que explique cómo llegamos al mundo de hoy, es este. Todo lo que damos por sentado sobre democracia, derechos humanos, igualdad ante la ley, todo eso nace acá. Así que arranquemos.
Estamos en Francia, fines del 1700, y el país era un desastre mal administrado. Tenés que imaginarte la escena: por un lado está el rey Luis XVI viviendo en Versalles, que era básicamente un palacio gigante donde se hacían fiestas todo el tiempo.
El tipo no era malo, era medio torpe nomás. Le gustaba más la cerrajería que la política. No era el líder que el momento necesitaba. Mientras tanto su mujer, María Antonieta, que era austriaca, se la pasaba gastando fortunas en vestidos, joyas y pelucas gigantes. La mujer tenía mala fama, la odiaban. Decían que cuando le contaron que el pueblo no tenía pan, ella dijo "que coman torta entonces". Probablemente nunca dijo esa frase, pero el hecho de que la gente se lo creyera te dice todo sobre lo que pensaban de ella.
Ahora, del otro lado tenés al pueblo. Y cuando digo pueblo, hablo del 98% de Francia. Campesinos que trabajaban de sol a sol y apenas podían comer. Obreros en las ciudades viviendo hacinados en lugares horribles. Comerciantes de clase media que estaban hartos de pagar impuestos mientras los nobles no pagaban nada. Porque así funcionaba: la nobleza y el clero no pagaban impuestos. Cero. Toda la carga caía sobre los que menos tenían.
Y encima había una crisis económica brutal. Francia había ayudado a Estados Unidos en su independencia contra Inglaterra, y eso les salió carísimo. El país estaba fundido. Los precios del pan se dispararon porque hubo malas cosechas. La gente literalmente se moría de hambre en las calles. Imaginate ir a comprar pan y que valga el doble que la semana pasada, y tu sueldo sigue igual. Así estaban.
Luis XVI intentó arreglar esto pidiendo más plata, pero llegó un punto donde sus ministros le dijeron "no se puede más, hay que cambiar el sistema de impuestos". Y acá viene lo interesante: para cambiar algo así, había que convocar a los Estados Generales. Que era tipo un congreso que no se reunía desde 1614. Imaginate, más de 170 años sin juntarse. Era una locura. Los Estados Generales tenían tres grupos: el Primer Estado era el clero, el Segundo Estado era la nobleza, y el Tercer Estado era todos los demás, o sea, el 98% de la población. Pero votaban por Estado, no por persona. Entonces aunque el Tercer Estado representaba a mucha más gente, los otros dos Estados siempre votaban juntos y los dejaban afuera. Era un sistema armado para que el pueblo nunca ganara.
Se juntan en mayo de 1789 en Versalles y enseguida empieza el conflicto. El Tercer Estado dice "no, esto es una vergüenza, queremos votar por persona, no por Estado". Los otros dos obviamente dicen que no. Pasan semanas de discusiones y nada. Hasta que el Tercer Estado se cansa y en junio de 1789 dicen "nosotros somos la Asamblea Nacional ahora, representamos al pueblo y vamos a hacer una constitución con o sin ustedes". Fue tipo un golpe pacífico. Se declararon el gobierno legítimo de Francia.
Luis XVI se asustó y medio que intentó frenarlos. Les cerró el lugar donde se reunían, pensando que así los iba a parar. Pero los tipos se fueron a una cancha de tenis y ahí hicieron el famoso Juramento del Juego de Pelota. Dijeron "no nos vamos a separar hasta tener una constitución". Fue un momento clave porque por primera vez el pueblo se plantó de verdad contra el rey.
El rey, que era medio indeciso, no sabía qué hacer. A veces parecía que iba a negociar, otras veces traía tropas a París. La gente estaba muy tensa, había rumores de que iba a haber una represión violenta. Y ahí llegamos a julio de 1789.
El 14 de julio, que ahora es el día nacional de Francia, pasó algo que cambió todo. Una multitud enorme fue a la Bastilla. La Bastilla era una fortaleza-prisión en París, un símbolo del poder real. No había muchos presos ahí en ese momento, creo que eran como siete nomás, pero eso no importaba. Era simbólico. La gente quería armas porque tenía miedo de las tropas del rey, y sabían que en la Bastilla había pólvora y municiones.
Llegaron y exigieron que les dieran las armas. El gobernador de la Bastilla se negó. Hubo negociaciones, tensión, y de repente empezó el tiroteo. Murió un montón de gente. La multitud se fue enfureciendo más y más hasta que finalmente tomaron la Bastilla. Cuando entraron, mataron al gobernador, le cortaron la cabeza y la pasearon por París en una pica. Fue violentísimo, sangriento, brutal. Pero marcó el principio de la Revolución de verdad.
Cuando Luis XVI se enteró, le preguntó a un noble "¿esto es una revuelta?". Y el tipo le contestó "no señor, es una revolución". El rey recién ahí empezó a entender la gravedad del asunto, pero ya era tarde. El poder había cambiado de manos y él ya no controlaba nada.
Después de la toma de la Bastilla, todo se aceleró mal. En el campo empezó lo que llamaron el Gran Miedo. Corrían rumores de que bandas de ladrones contratados por los nobles iban a atacar a los campesinos. Era pánico puro. Los campesinos agarraron horquillas, palos, lo que tuvieran, y empezaron a atacar castillos y quemar documentos feudales. Esos documentos eran los que decían cuánto tenían que pagar a los señores. Los quemaron todos. Fue una especie de liberación violenta de siglos de opresión.
En agosto del 89, la Asamblea Nacional hizo algo revolucionario: abolió los privilegios feudales. De un día para el otro dijeron "se acabó, todos somos iguales ante la ley". Y después sacaron la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Este documento es importante, porque básicamente dice que todos nacemos libres e iguales, que tenemos derechos naturales que nadie nos puede quitar. Libertad, propiedad, seguridad, resistencia a la opresión. Suena obvio ahora pero en esa época era una locura decir eso.
Luis XVI no quería firmar estos decretos. Se hacía el que no entendía, los dejaba ahí sin firmar. La gente estaba cada vez más enojada con él. Y María Antonieta peor, la odiaban con todo. En octubre del 89 pasó algo notable: miles de mujeres marcharon desde París hasta Versalles. Eran mujeres del mercado, amas de casa, estaban desesperadas por la falta de pan. Caminaron como 20 kilómetros bajo la lluvia, furiosas.
Llegaron a Versalles y rodearon el palacio exigiendo que el rey volviera a París. Gritaban, amenazaban. La cosa se puso tensa. Hubo un momento donde casi entran al palacio y matan a María Antonieta. Al final Luis XVI tuvo que acceder. La familia real volvió a París prácticamente como prisioneros. Los llevaron a las Tullerías, un palacio en el centro de la ciudad, pero todos sabían que ahí el rey estaba controlado.
Durante los siguientes meses, la Asamblea trabajó en la nueva constitución. Había debates interminables. Empezaron a surgir facciones políticas. Por un lado estaban los que querían una monarquía constitucional, con el rey pero limitado. Por otro lado estaban los más radicales que querían cambios más profundos. Se sentaban en diferentes partes de la asamblea: los moderados a la derecha, los radicales a la izquierda. De ahí vienen esos términos políticos que usamos hoy.
Había un grupo que se llamaban los Jacobinos. Entre ellos estaba Robespierre, un abogado que hablaba todo el tiempo de virtud y república. El tipo era incorruptible, no aceptaba sobornos, vivía simple. Pero era fanático, inflexible. Iba a ser muy importante más adelante. También estaban los Girondinos, que eran más moderados, de provincia, clase media alta. Y después tenías a los sans-culottes, que era la gente común de París. Obreros, artesanos, gente que no usaba los pantalones típicos de la nobleza, por eso "sin calzones". Estos eran los más radicales, los que salían a la calle y presionaban con la violencia.
En 1791 pasó algo que cambió la percepción de Luis XVI completamente. El tipo intentó escaparse. En junio, la familia real se disfrazó y trató de huir a Austria, donde la familia de María Antonieta podría ayudarlos. Pero los reconocieron en un pueblito llamado Varennes. Los frenaron y los trajeron de vuelta a París. Esto fue gravísimo porque confirmó lo que muchos sospechaban: el rey era un traidor, estaba conspirando con potencias extranjeras contra Francia.
La gente en París estaba furiosa. Hubo manifestaciones pidiendo que declararan la república. Para septiembre del 91 finalmente terminaron la constitución. Era una monarquía constitucional. El rey tenía poder pero limitado. Luis XVI la aceptó, juró respetarla. Pero nadie le creía ya.
En 1792 las cosas se pusieron internacionales. Austria y Prusia estaban muy preocupados por lo que pasaba en Francia. Los reyes de esos países veían la Revolución como un peligro. Si el pueblo francés podía derrocar a su rey, ¿qué impedía que lo mismo pasara en otros lados? Además María Antonieta era hermana del emperador austríaco. Ellos querían restaurar el poder de Luis XVI.
En abril del 92, Francia le declaró la guerra a Austria. Los Girondinos estaban a favor, pensaban que una guerra uniría al país. Robespierre estaba en contra, decía que era una trampa. Y tenía razón en parte, porque al principio Francia empezó perdiendo feo. El ejército francés era un desastre. Muchos oficiales nobles habían huido del país. Los austríacos y prusianos avanzaban.
En julio del 92, el comandante del ejército prusiano publicó un manifiesto amenazando a París. Decía que si le tocaban un pelo a la familia real, iban a destruir la ciudad. Fue el peor error político posible. En vez de asustar a los franceses, los enfureció. La gente en París estaba lista para todo.
El 10 de agosto del 92, una multitud enorme atacó el palacio de las Tullerías donde estaba la familia real. Fue sangriento. Los guardias suizos que protegían el palacio pelearon hasta el final, murieron cientos. Luis XVI y su familia tuvieron que escapar y refugiarse en la Asamblea. Ahí pidieron protección. La Asamblea los arrestó y los mandó a prisión. Ya no había monarquía.
Se convocó a elecciones para una nueva Convención Nacional, elegida por sufragio universal masculino. Fue la primera vez en la historia que todos los hombres podían votar, sin importar si tenían plata o no. Y en septiembre del 92, la Convención se reunió y lo primero que hizo fue abolir la monarquía y declarar la República. Era el año I de la República Francesa. Empezaban de cero.
Pero había que decidir qué hacer con Luis XVI. ¿Lo dejaban vivir? ¿Lo exiliaban? ¿Lo ejecutaban? El debate fue intenso. Descubrieron documentos que probaban que el rey había estado negociando con los enemigos de Francia. Era literalmente traición. Lo juzgaron en la Convención. El veredicto fue culpable. Y después votaron por la sentencia. Muerte, ganó por un voto nomás.
El 21 de enero de 1793, Luis XVI fue ejecutado en la guillotina. Miles de personas fueron a verlo. Cuenta la leyenda que intentó hablar pero le cortaron la palabra con tambores. Cayó la cuchilla y el rey murió. Mostraron su cabeza a la multitud. Europa estaba en shock. Por primera vez en más de mil años, Francia no tenía rey.
Esto tuvo consecuencias inmediatas. Inglaterra, España, Holanda, y medio Europa se unieron contra Francia. Era Francia contra todos. Y adentro del país también había problemas. En la región de La Vendée hubo una revuelta monárquica y católica. Empezó una guerra civil brutal.
La Convención tuvo que actuar rápido. Crearon el Comité de Salvación Pública para coordinar la defensa. Robespierre era uno de los líderes. Implementaron el reclutamiento masivo. Todos los hombres jóvenes tenían que ir a pelear. Francia se convirtió en una máquina militar.
Pero el precio fue el Terror. Para mantener la unidad y eliminar a los enemigos internos, empezaron a usar la guillotina sistemáticamente. Cualquiera sospechoso de ser contrarrevolucionario podía ser arrestado y ejecutado. La Ley de Sospechosos de septiembre del 93 básicamente decía que si alguien te denunciaba, estabas en problemas. No había mucha defensa posible.
Miles fueron ejecutados. Nobles, clérigos, pero también gente común. Los Girondinos moderados fueron arrestados y guillotinados. Hubo denuncias, traiciones, paranoia. Robespierre y los Jacobinos controlaban todo. Hablaban de crear una República de la Virtud, de regenerar Francia. Pero lo hacían matando gente.
El Terror alcanzó su punto máximo en 1794. La guillotina trabajaba sin parar. Hasta María Antonieta fue ejecutada en octubre del 93. La juzgaron, la humillaron con acusaciones horribles, muchas inventadas. La llevaron en una carreta común, no con los honores de una reina. Murió con dignidad según cuentan, pero fue el fin de una era.
Robespierre se volvió cada vez más paranoico. Empezó a ver enemigos en todos lados. Incluso sus antiguos aliados caían bajo sospecha. Danton, que había sido uno de los grandes líderes revolucionarios, un tipo carismático y poderoso, fue arrestado y ejecutado en abril del 94. Su crimen fue pedir moderación, decir que ya era suficiente violencia.
Pero acá está la ironía: al eliminar a todos sus rivales, Robespierre se quedó solo. La gente en la Convención empezó a pensar "si él pudo eliminar a Danton, ¿quién nos asegura que no vamos a ser los siguientes?". El miedo cambió de dirección.
En julio de 1794 hubo un golpe contra Robespierre. En plena sesión de la Convención, lo acusaron, lo gritaron, no lo dejaron hablar. Fue arrestado junto con sus seguidores. Esa noche intentó suicidarse pegándose un tiro pero solo se destrozó la mandíbula. Al día siguiente lo guillotinaron junto con 21 de sus aliados. El Terror había terminado.
Después, la Convención tomó un rumbo más moderado. Liberaron prisioneros, cerraron los clubes jacobinos, intentaron normalizar. Pero el país estaba destrozado. La economía era un desastre, había inflación, escasez. Y seguían en guerra con media Europa.
En 1795 escribieron una nueva constitución que creaba el Directorio, un gobierno de cinco directores. Era un intento de evitar que una sola persona concentrara poder. Pero el Directorio fue débil, corrupto, ineficaz. Duraron cuatro años de crisis constante.
Las guerras siguieron pero Francia empezó a ganar. ¿Por qué? Porque habían creado un ejército enorme con el reclutamiento masivo. Tenían generales jóvenes y talentosos que ascendían por mérito, no por apellido. Y uno de esos generales se destacaba sobre todos: Napoleón Bonaparte.
Este tipo corso, que recién tenía como 25 años en 1794, empezó a ganar batallas imposibles. En Italia, en Egipto, donde lo mandaran. Se volvió famoso, popular. El héroe militar que Francia necesitaba. Era brillante, carismático, ambicioso como pocos.
En noviembre de 1799, Napoleón dio un golpe de estado. Entró con soldados a donde estaban reunidos los diputados y básicamente los obligó a disolverse y crear un nuevo gobierno, el Consulado, con él como Primer Cónsul. La Revolución, al menos la parte republicana y democrática, había terminado.
Pero Napoleón no simplemente destruyó todo lo que la Revolución había logrado. En realidad consolidó muchas de sus conquistas bajo su propio control autoritario. En 1804 se coronó emperador, sí, pero fue un emperador diferente a Luis XVI. No gobernaba por derecho divino sino por mérito y apoyo popular, o al menos eso decía.
Una de las cosas más importantes que hizo Napoleón fue crear el Código Civil en 1804, el Código Napoleónico. Era básicamente una compilación de todas las leyes que necesitaba un estado moderno. Tomó muchas de las ideas revolucionarias y las puso por escrito de forma clara y aplicable. Estableció que todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, que no había privilegios de nacimiento, que la propiedad privada era sagrada. El código también regulaba contratos, herencias, familia, todo. Abolió el feudalismo legalmente de una vez por todas.
Lo notable es que este código se exportó. Napoleón conquistó medio Europa, y en todos lados donde llegaba implementaba su código. Países que nunca habían tenido leyes modernas de repente tenían un sistema legal racional y claro. Incluso después de que Napoleón cayera, muchos países lo mantuvieron o lo usaron como base. Argentina, Chile, gran parte de América Latina terminaron usando versiones del Código Napoleónico. Hasta hoy, si estudiás derecho en estos países, estás estudiando algo que viene de ahí.
Napoleón también consolidó otras reformas revolucionarias. Creó el sistema educativo público, fundó universidades, profesionalizó la administración pública con base en el mérito. Si eras capaz, podías ascender, no importaba si tu papá era noble o campesino. Pero ojo, también traicionó varios ideales. La libertad de prensa desapareció. La democracia también.
¿Qué quedó de todo esto? Un montón. La Revolución Francesa cambió el mundo. Mostró que el pueblo podía derrocar a un rey, que los derechos humanos eran universales, que la igualdad ante la ley era posible. Destruyó el feudalismo. Creó el concepto moderno de nación y ciudadanía.
Pero también mostró lo peligroso que puede ser la violencia revolucionaria. El Terror mató a decenas de miles. Las guerras revolucionarias a cientos de miles. Todo empezó con ideales nobles: libertad, igualdad, fraternidad. Pero se convirtió en una pesadilla de sangre.
Las ideas de la Revolución se esparcieron por todos lados. Influyeron en las independencias de América Latina, en las revoluciones del siglo XIX, en la democracia moderna. Hasta el día de hoy discutimos sobre los mismos temas: ¿cuánto poder debe tener el estado? ¿cómo balanceamos libertad y orden? ¿cuándo es legítimo usar violencia para cambiar un sistema injusto?
Bueno, hasta acá llegamos con este episodio. La revolución fue caótica, sangrienta, inspiradora y aterradora al mismo tiempo. Gente común hizo cosas extraordinarias. Héroes se convirtieron en villanos. Los ideales más nobles coexistieron con la crueldad más brutal. Fue humana en toda su complejidad.
Y por eso, más de 200 años después, todavía nos fascina. Porque nos muestra lo mejor y lo peor de lo que somos capaces cuando intentamos cambiar el mundo.



