
Psicopolítica: El Poder Invisible
Byung-Chul Han descubrió algo aterrador: el sistema ya no te explota con amenazas, te convence de explotarte vos mismo. Bienvenido a la psicopolítica, donde sos libre de trabajar hasta el colapso y feliz de entregar tus datos.

La Trampa de la Libertad
Imaginate esto: estás scrolleando Instagram a las dos de la mañana, viendo las vacaciones perfectas de gente que ni conocés, sintiéndote mal porque tu vida parece aburrida en comparación. Subís una foto de tu desayuno con un filtro y esperás ansioso los likes. Revisás tu email del trabajo aunque sea domingo. Te sentís culpable por no estar siendo más productivo. Y acá viene lo heavy: nadie te está obligando a hacer nada de esto. No hay un dictador con bigotes amenazándote. No hay policía secreta. Vos solito te estás explotando, y lo peor es que pensás que sos libre.
Bienvenidos a la psicopolítica, el concepto que un filósofo coreano-alemán llamado Byung-Chul Han usó para volarnos la cabeza y explicar cómo funciona el poder en el siglo veintiuno. Y te aviso desde ya: después de escuchar esto, vas a mirar tu celular de otra manera.
Quién es Byung-Chul Han
Byung-Chul Han no es tu filósofo típico. Nació en Seúl en 1959, estudió metalurgia primero porque su familia quería que tuviera una carrera "seria", pero el tipo se las tomó a Alemania en los ochenta para estudiar filosofía y literatura alemana. Hoy vive en Berlín, es profesor en la Universidad de las Artes, y se convirtió en una especie de rockstar de la filosofía contemporánea sin siquiera tener redes sociales. Irónico, ¿no? El tipo que mejor explica cómo funcionan las redes sociales no tiene Instagram ni Twitter.
Su libro "Psicopolítica" salió en 2014 en alemán, y desde entonces no paró de generar debate. La idea central es tan simple como perturbadora: el poder ya no funciona como antes. Ya no necesita reprimirnos, prohibirnos cosas o amenazarnos. El nuevo poder es mucho más astuto, mucho más invisible, y por eso mismo, mucho más efectivo.
Del Poder Disciplinario a la Psicopolítica
Para entender esto, Han nos pide que hagamos un viaje en el tiempo. Pensá en las dictaduras del siglo veinte, las que estudiaste en la escuela. El poder disciplinario, como lo llamaba Foucault. Ahí tenías un Estado que te controlaba mediante instituciones: la escuela, el ejército, la fábrica, la cárcel. Todo estaba organizado para vigilarte y castigarte si te portabas mal. El poder venía de afuera, era externo, y vos lo sentías como algo ajeno. Por eso te podías rebelar contra él. Había un enemigo claro: el patrón explotador, el dictador, el sistema opresor.
Pero algo cambió en las últimas décadas, y acá es donde Han se pone interesante. El neoliberalismo, dice, inventó una forma de poder mucho más sofisticada. Ya no te dice "tenés que hacer esto o te castigo". Te dice "podés hacer lo que quieras, sos libre". Y es justamente esa libertad la trampa más grande de todas.
Empresario de Vos Mismo
Porque ahora, en lugar de obedecer a un jefe que te explota, vos mismo te convertís en tu propio explotador. Sos empresario de vos mismo, como dice Han. Laburás hasta tarde no porque alguien te obligue, sino porque querés crecer, desarrollarte, ser mejor. Optimizás cada minuto del día. Hacés networking. Trabajás en tu marca personal. Y si fracasás, la culpa es tuya, porque después de todo, eras libre de elegir.
Esta es la psicopolítica: un poder que no actúa sobre tu cuerpo, como hacían las fábricas del siglo diecinueve, sino sobre tu psiquis, sobre tu mente, sobre tus deseos y emociones. Un poder que no te prohíbe, sino que te seduce. Que no te dice "no", sino que te dice "sí, podés". Podés ser exitoso, podés ser feliz, podés realizarte, pero solo si te esforzás lo suficiente, si rendís al máximo, si nunca parás.
De la Sociedad Disciplinaria a la Sociedad del Rendimiento
Y acá viene uno de los conceptos más zarpados de Han: el paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento. En la sociedad disciplinaria del siglo veinte, el verbo modal era "deber". Debés ir a trabajar, debés obedecer, debés comportarte. Era una sociedad de la negatividad, del "no podés hacer esto". Pero la sociedad del rendimiento actual funciona con otro verbo: "poder". Podés lograr lo que quieras, podés ser quien quieras, el cielo es el límite. Suena positivo, ¿no? Suena liberador.
Pero Han nos muestra que es exactamente lo contrario. Porque cuando todo es posible, cuando no hay límites, te volvés esclavo de tu propio potencial infinito. Siempre podrías estar haciendo más, siempre podrías rendir mejor. Nunca alcanza. Y cuando inevitablemente no llegás a ese ideal imposible, no culpás al sistema, te culpás a vos mismo. No fuiste lo suficientemente resiliente, no te esforzaste lo bastante, no aprovechaste las oportunidades.
La Violencia de la Positividad
El resultado es lo que Han llama la "violencia de la positividad". Ya no es la violencia del "no", de la prohibición y el castigo. Es la violencia del "sí", del exceso de posibilidad, de la obligación de ser feliz y exitoso. Y esta violencia es peor porque es invisible. No la ves venir. No podés rebelarte contra ella porque viene de adentro tuyo.
Pensá en el burnout, la depresión, la ansiedad que están explotando en todo el mundo. Para Han, no son solo problemas psicológicos individuales. Son síntomas sociales, señales de que algo está podrido en el sistema. Son las enfermedades características de la sociedad del rendimiento. Antes, en la sociedad disciplinaria, las enfermedades típicas eran infecciosas, venían de afuera. Ahora, dice Han, son neuronales, vienen de adentro, de un cerebro sobrecargado, agotado de tanto tener que rendir.
Las Redes Sociales: El Panóptico Voluntario
Y acá es donde las redes sociales y la tecnología digital entran en escena como las herramientas perfectas de la psicopolítica. Facebook, Instagram, TikTok, no son solo plataformas de entretenimiento. Son dispositivos de vigilancia voluntaria. Vos mismo te vigilás, te exhibís, te exponés. Subís cada aspecto de tu vida, medís tu valor en likes y seguidores. Te convertís en tu propio panóptico.
El panóptico era esa cárcel que diseñó Bentham donde había una torre central desde la que se podía ver todas las celdas, pero los prisioneros nunca sabían si estaban siendo observados o no. Entonces se comportaban como si siempre los estuvieran mirando. Foucault usó esto como metáfora del poder disciplinario. Pero Han va más allá: ahora ni siquiera necesitás la torre. Vos mismo te vigilás, te controlás, te optimizás, todo el tiempo exhibiéndote en las redes, esperando la aprobación de los demás.
El Big Data: Más Allá de 1984
Y lo genial del sistema es que mientras tanto, estás generando datos constantemente. Cada like, cada búsqueda, cada click, cada segundo que pasás mirando un video, todo eso genera información sobre vos. Información que las empresas usan para conocerte mejor de lo que vos te conocés a vos mismo, para predecir tu comportamiento, para venderte cosas, para manipularte de maneras que ni siquiera percibís.
Han llama a esto el "Big Data". Pero no es solo vigilancia, como en "1984" de Orwell. Es algo más sutil y más efectivo. En la distopía de Orwell, el Gran Hermano te vigila y vos sabés que te están vigilando, entonces podés resistir, podés rebelarte en secreto. Pero en la psicopolítica del Big Data, vos mismo entregás toda tu información voluntariamente, feliz de compartir cada detalle de tu vida porque creés que eso te hace más visible, más exitoso, más conectado.
Obama vs. Bush: El Poder Inteligente
El filósofo cuenta una anécdota que me parece genial para entender esto. Dice que Obama fue más efectivo que Bush, no porque usara menos violencia, sino porque usó una violencia más inteligente. Bush era puro poder disciplinario vieja escuela: invasiones, prohibiciones, el eje del mal. Obama, en cambio, fue puro poder smart: drones, espionaje digital, intervenciones quirúrgicas. Menos visible, menos escandaloso, pero igual de letal. Y aplicó la misma lógica a la política interna: no te dice qué hacer, te empodera para que vos mismo te optimices. "Yes, we can". Podemos. Somos libres. Pero esa libertad es funcional al sistema.
La Dictadura de la Transparencia
Otro concepto heavy de Han es el de la "transparencia". Vivimos en una sociedad obsesionada con la transparencia. Queremos que todo sea visible, medible, cuantificable. Los gobiernos tienen que ser transparentes, las empresas tienen que ser transparentes, las personas tienen que ser auténticas y compartir todo. Suena re progresista, ¿no?
Pero Han nos dice que la transparencia total es otra forma de control. Porque cuando todo es transparente, cuando no hay secretos, cuando todo se puede medir y comparar, se vuelve más fácil vigilar, controlar, homogeneizar. La transparencia elimina la confianza, dice Han. En una sociedad donde todos confían en todos, no necesitás transparencia. Pero en una sociedad donde todos desconfían de todos, exigís transparencia total. Y esa transparencia es perfecta para el capitalismo actual, porque permite que todo se vuelva mercancía, todo se pueda comparar, todo se pueda poner en números.
La Sociedad de la Calificación
Pensá en cómo calificas todo ahora. Le ponés estrellas al chofer de Uber, al restaurante, al hotel, al médico. Y ellos te califican a vos. Todo el tiempo estamos evaluando y siendo evaluados. Es como si viviéramos en un episodio de Black Mirror llamado "Caída en picada", donde tu puntaje social determina tu valor como persona. Pero lo heavy es que ese episodio ya no es ficción, es una descripción bastante precisa de cómo funciona la China actual con su sistema de crédito social, y de maneras más sutiles, cómo funciona nuestra sociedad también.
El Tiempo Absoluto: Trabajar Siempre, en Todos Lados
Han también habla del tiempo, y esto me parece súper interesante. Dice que la psicopolítica ha cambiado nuestra relación con el tiempo. Antes, en la sociedad disciplinaria, el tiempo estaba estructurado: hora de trabajar, hora de descansar. Pero ahora, en la sociedad del rendimiento, el tiempo se vuelve absoluto. Trabajás todo el tiempo porque siempre podés estar haciendo algo productivo. No hay pausas reales, no hay momentos sagrados que estén protegidos del trabajo.
Chequeás el celular a las siete de la mañana antes de levantarte y a las doce de la noche antes de dormir. Contestás emails en la cena, en el baño, en tus supuestas vacaciones. El trabajo invade cada espacio de tu vida, y vos ni siquiera lo ves como explotación porque te dicen que es "flexibilidad", que es "libertad". Podés trabajar desde donde quieras, cuando quieras. Pero en la práctica significa que trabajás desde todos lados, todo el tiempo.
El Mito del Multitasking
Y acá Han introduce un concepto bien coreano que me encanta: el "multitasking". Esa idea de que podés hacer mil cosas a la vez, que podés dividir tu atención entre veinte pantallas simultáneamente. Han dice que esto es un mito. Que en realidad el multitasking no es una habilidad superior, es una forma de atención deficiente. Los animales cuando están en peligro, cuando están siendo cazados, tienen que estar atentos a todo al mismo tiempo. Pero esa atención dispersa les impide concentrarse profundamente en nada. Impide la contemplación, el pensamiento profundo, la creatividad real.
Nosotros, dice Han, nos volvimos como esos animales asustados. Saltamos de una cosa a otra, siempre distraídos, siempre ansiosos, incapaces de concentrarnos en una sola cosa por más de dos minutos. Y eso no es evolución, es regresión. Porque los logros culturales más importantes de la humanidad vinieron de la atención profunda, de poder concentrarse en algo durante horas, días, años. Pero la psicopolítica necesita que estemos dispersos, que saltemos de estímulo en estímulo, porque eso nos vuelve más controlables, más predecibles, mejores consumidores.
¿Cómo Resistir? La Propuesta de Han
Ahora bien, lo que hace a Han tan interesante es que no es un ludita que te dice que rompas tu celular y te vayas a vivir al bosque. Él entiende que no podés simplemente salirte del sistema. La solución no es individual. No es cuestión de que vos solo te desconectes y listo. Porque el problema no es la tecnología en sí, sino cómo se usa, para qué sirve, a qué lógica responde.
Han propone, en cambio, que entendamos cómo funciona este poder para poder resistirlo colectivamente. Habla de recuperar lo que él llama "formas de vida contemplativa", espacios donde no estemos todo el tiempo produciendo, optimizándonos, rindiéndonos. Espacios de ocio verdadero, no ese ocio productivo donde también tenés que estar aprendiendo algo, mejorando algo, compartiendo algo.
La Capacidad de Decir "No"
Habla también de recuperar la capacidad de decir "no". Porque la sociedad del rendimiento es la sociedad del "sí". Sí a todo, todo el tiempo. Nuevos proyectos, nuevas oportunidades, nuevas experiencias. Pero la capacidad de negarse, de poner límites, de defender espacios de no-hacer, eso es revolucionario en un mundo donde tu valor se mide por cuánto hacés.
Y acá hay algo muy oriental en el pensamiento de Han que me parece fascinante. Él viene de una tradición filosófica coreana donde conceptos como el vacío, la quietud, el no-hacer, tienen un valor positivo. No son ausencia de algo, son presencias en sí mismas. Pero en Occidente, especialmente en el capitalismo tardío, el vacío nos aterroriza. Tenemos que llenar cada segundo con algo: contenido, productividad, estímulos.
El Smartphone como Rosario
Han cuenta que una vez le preguntaron por qué no tenía smartphone. Y él respondió algo brillante: "El smartphone es un instrumento de dominación. Funciona como un rosario. Es un objeto de devoción". Pensá en eso. Lo sacamos del bolsillo y lo miramos constantemente, como si estuviéramos rezando, esperando alguna revelación, alguna notificación que nos salve del aburrimiento, del vacío, de nosotros mismos.
Un Sistema Sin Conspiradores
Lo que describe Han no es una conspiración. No hay un grupo de tipos malvados en una sala oscura planeando cómo dominarnos. Es peor que eso. Es un sistema que funciona casi automáticamente, que se reproduce solo, donde todos somos cómplices. Los que diseñan las apps, los que las usan, los que invierten en las empresas, los que gobiernan los países. Todos estamos metidos en la misma lógica de rendimiento, optimización, transparencia.
Y lo más jodido es que este sistema se presenta como lo opuesto a la opresión. Se presenta como libertad máxima, como democracia, como progreso. Por eso es tan difícil resistirlo. Porque si te quejás, si decís que estás cansado, que no querés participar más en este circo del rendimiento constante, la respuesta es: "pero sos libre de hacer lo que quieras, nadie te obliga". Y técnicamente es cierto. Nadie te obliga. Pero el sistema está armado de tal manera que no participar significa quedarte afuera de todo: del trabajo, de la vida social, de la posibilidad misma de existir en el mundo contemporáneo.
El Futuro: Transhumanismo y Optimización Biológica
Han también advierte sobre el futuro de todo esto. Habla del transhumanismo, de cómo la lógica de la optimización constante eventualmente va a querer optimizar el cuerpo humano mismo. Ya no alcanza con ser productivo, tenés que ser más inteligente, vivir más años, ser más feliz químicamente. El próximo paso de la psicopolítica es la ingeniería genética, los implantes neuronales, la modificación del cerebro para hacerlo más eficiente.
Y de vuelta, no es ciencia ficción. Ya hay gente tomando nootrópicos para rendir más en el trabajo, empresarios implantándose chips, investigaciones sobre cómo editar genes para eliminar enfermedades pero también para "mejorar" características humanas. La pregunta que hace Han es: ¿mejorar según qué criterio? ¿Según la lógica del rendimiento y la productividad? Porque si es así, estamos ante la última frontera de la psicopolítica: ya no solo controla tu mente y tus emociones, sino que rediseña tu biología misma.
La Psicopolítica en la Vida Cotidiana
Esto que está describiendo Han no es solo filosofía abstracta. Es algo que podés ver todos los días. Mirá cómo cambiaron las oficinas: ya no son lugares grises y aburridos con cubículos. Ahora son espacios "cool" con mesas de ping-pong, frutas gratis, cerveza los viernes. Parece que las empresas se volvieron más humanas, ¿no? Pero Han te diría que es exactamente lo contrario. Ahora no te pueden obligar a quedarte después de hora, entonces te seducen para que quieras quedarte. Hacen que tu trabajo sea "divertido", que la oficina sea como tu casa, que tus compañeros sean como tu familia. Y así trabajás más horas que nunca, pero feliz, porque sentís que es tu elección.
El Lenguaje del Poder
O mirá el lenguaje que usamos: ya no tenés un trabajo, tenés una "pasión". No laburás, "hacés lo que te gusta". No sos un empleado, sos un "colaborador" o parte de la "familia" de la empresa. Todo este vocabulario positivo esconde relaciones de poder muy concretas. Pero como está envuelto en este lenguaje de realización personal y libertad, no lo cuestionamos.
El Legado de Han
El legado de Han en la filosofía contemporánea es enorme. Le puso palabras a algo que muchos estábamos sintiendo pero no sabíamos cómo nombrar. Esa sensación de estar agotado sin saber bien por qué, de sentir que algo no cierra en este mundo hiperconectado y supuestamente libre. Sus libros se tradujeron a un montón de idiomas y se leen en universidades de todo el mundo, pero también los lee gente común que no estudia filosofía pero siente que algo está mal.
Lo interesante es que Han no es optimista ni pesimista. No te dice que todo está perdido ni que hay una solución fácil. Te dice: mirá, así funciona el poder ahora, entendelo, hacete consciente de eso. Y a partir de esa consciencia, tal vez podamos imaginar otras formas de vivir, otras formas de relacionarnos con la tecnología, con el trabajo, con nosotros mismos.
Críticas y Valor del Diagnóstico
Algunos lo critican y dicen que es demasiado fatalista, que romantiza el pasado, que no ofrece alternativas concretas. Y es cierto que a veces puede sonar así. Pero yo creo que el valor de Han está en el diagnóstico, en mostrarnos con claridad brutal cómo funciona este sistema que naturalizado a tal punto que nos parece inevitable.
Porque acá está la clave: la psicopolítica funciona mejor cuando es invisible, cuando ni siquiera sabemos que existe. Cuando pensamos que somos libres y todo es una elección personal. El primer paso para resistir un poder es verlo, nombrarlo, entenderlo. Y eso es lo que hace Han.
Las Preguntas que Nos Deja Han
Entonces la próxima vez que estés scrolleando a las dos de la mañana, sintiéndote mal por no ser suficientemente productivo, preguntate: ¿quién se beneficia de que yo me sienta así? ¿Qué lógica hay detrás de esta ansiedad constante por rendir más, ser más, hacer más? ¿De dónde viene esta idea de que tengo que estar disponible todo el tiempo, optimizándome constantemente, convirtiéndome en mi propio proyecto empresarial?
Han nos está diciendo que la dictadura del siglo veintiuno no se parece a las del siglo veinte. No hay un dictador con uniforme dándote órdenes. La nueva dictadura te dice que sos libre, que podés hacer lo que quieras, mientras te programa para que quieras exactamente lo que el sistema necesita que quieras. Es el poder más sofisticado que existió jamás, porque actúa sobre tus deseos mismos, sobre tu subjetividad más íntima.
Y la pregunta que nos deja es: ¿podemos recuperar algo de libertad real en este contexto? ¿Podemos crear espacios de resistencia cuando el poder ya no está afuera sino adentro nuestro? No tengo la respuesta, y creo que Han tampoco. Pero hacerse estas preguntas, volverlas visibles, eso ya es un acto de resistencia en sí mismo.
Conclusión
Bueno, hasta acá llegamos por hoy. La próxima vez que alguien te diga "tenés que ser más positivo" o "todo depende de vos", acordate de Byung-Chul Han y su advertencia sobre la violencia de la positividad. A veces, el problema no sos vos. A veces, el problema es el sistema que te hace creer que todo es tu responsabilidad individual. Y reconocer eso, bueno, eso es el primer paso para algo parecido a la libertad real.



