
La historia de Green Lantern y los Corps
Green Lantern nació dos veces: primero como magia y superstición en los años 40, y en 1959 como ciencia ficción pura. Contamos cómo ese anillo de poder terminó siendo la base de un ejército interestelar de miles de guardianes.
Un anillo verde te permite crear cualquier cosa que puedas imaginar. Una espada gigante. Un muro de contención. Un puño del tamaño de un edificio. El único límite real es la fuerza de voluntad de quien lo lleva puesto.
Esa idea, tan simple y tan poderosa al mismo tiempo, es la base de uno de los conceptos más duraderos de todo el cómic de superhéroes. Y, contra lo que mucha gente cree, no nació una sola vez. Nació dos veces, con casi veinte años de diferencia, de dos maneras completamente distintas.
Esta es la historia de Green Lantern: cómo empezó como un personaje de magia y superstición en los años cuarenta, cómo se reinventó como ciencia ficción pura en 1959, y cómo terminó convirtiéndose en la base de todo un ejército interestelar.
Alan Scott y la lámpara mágica
La primera versión se llamaba Alan Scott, y apareció en 1940, en las páginas de All-American Comics #16. Lo crearon Martin Nodell y Bill Finger. Ese mismo Bill Finger había coescrito Batman apenas un año antes.
El origen de Alan Scott es puro folclore de los años cuarenta, casi un cuento de terror con superhéroe adentro. Scott es un ingeniero ferroviario que sobrevive al descarrilamiento de un tren. En el lugar del accidente encuentra una lámpara verde de metal extraño, tallada con una cara antigua. La lámpara le habla. Le cuenta que fue forjada con un meteorito caído del cielo siglos atrás, con propiedades mágicas ligadas a una vieja leyenda china sobre una linterna que da poder y trae desgracia a partes iguales.
Scott, sin saber muy bien en qué se está metiendo, funde parte del metal de esa lámpara en un anillo. El anillo le da poderes casi ilimitados, siempre y cuando lo recargue cada veinticuatro horas tocando la lámpara original y recitando un juramento. Ese Green Lantern es magia disfrazada de ciencia. No tiene ninguna explicación racional. Funciona porque la leyenda dice que funciona.
El traje también viene cargado de simbolismo de la época: capa roja, camisa verde, calzas moradas, y una debilidad muy particular. La madera. El mismo material del que estaba hecha la lámpara original puede anular sus poderes. Es una debilidad rara, casi arbitraria, típica de una era donde los guionistas todavía estaban improvisando las reglas del género sobre la marcha.
Con los años, los guionistas posteriores le dieron un marco más grande a esa magia. La lámpara de Alan Scott resultó ser apenas un fragmento de algo mucho más viejo: el Starheart, una fuente de energía mágica que había existido desde antes del inicio de la civilización humana. Esa mitología, ampliada décadas después de la creación original de Nodell y Finger, terminó separando con claridad a los dos Green Lantern: uno mágico, ligado a fuerzas ancestrales de la Tierra, y otro tecnológico, ligado a una organización que ni siquiera es de este planeta.
Alan Scott tuvo bastante éxito durante la Edad de Oro. Fue miembro fundador de la Justice Society of America, el primer equipo de superhéroes de la historia del cómic, formado en 1940 con varios de los héroes más populares de ese momento. Pero, como le pasó a casi todos los superhéroes de esa era, las ventas cayeron a fines de los cuarenta y Green Lantern desapareció de los kioscos junto con la mayoría de sus compañeros.
Durante casi una década, no hubo ningún Green Lantern publicándose. El personaje quedó relegado a apariciones ocasionales en reediciones y a un lugar cada vez más chico en la memoria de los lectores, hasta que la industria entera encontró la fórmula para revivir a los héroes de la Edad de Oro sin simplemente repetir lo mismo que ya no funcionaba.
Hal Jordan y el anillo de la voluntad
Lo que pasó después tiene mucho que ver con el origen del multiverso de Flash. El editor Julius Schwartz tenía una fórmula que le venía funcionando de maravillas a mediados de los años cincuenta: agarrar un nombre viejo de la Edad de Oro y ponerle una identidad completamente nueva, con una explicación de ciencia ficción en lugar de magia. Ya lo había hecho con Flash en 1956. En 1959 le tocó el turno a Green Lantern.
El nuevo Green Lantern se llamaba Hal Jordan. Piloto de pruebas, temerario, seguro de sí mismo hasta el borde de la arrogancia. Lo crearon el guionista John Broome y el dibujante Gil Kane, bajo la supervisión editorial de Schwartz.
El origen de Hal Jordan es uno de los más citados de todo el género, y vale la pena contarlo completo porque ahí está sembrado el concepto que después explotó en cientos de historias distintas.
Abin Sur es un alienígena de piel roja. Pertenece a una fuerza policial intergaláctica. Su nave se estrella en la Tierra, cerca de donde Hal Jordan está probando un avión militar. Abin Sur está muriendo. Antes de morir, usa su anillo de poder para buscar a un reemplazo: alguien en las cercanías que sea completamente honesto y que no le tenga miedo a nada. El anillo escanea el planeta entero y elige a Hal Jordan.
El anillo lleva a Hal hasta la nave. Abin Sur, con sus últimas fuerzas, le entrega el anillo y la linterna de poder que lo recarga, y le explica en pocas palabras qué es lo que acaba de heredar: no es magia. Es tecnología. Una tecnología tan avanzada que funciona casi como magia, pero con reglas propias, casi científicas.
Ahí está la gran diferencia con Alan Scott. El anillo de Hal Jordan no depende de una leyenda ni de un objeto mítico. Depende de la fuerza de voluntad de quien lo usa. Cuanto más fuerte la voluntad, más poderosas las construcciones de energía verde que el anillo puede crear. Y, en lugar de la madera, la debilidad de este nuevo Green Lantern es el color amarillo: una limitación tecnológica del anillo original, nunca completamente explicada al principio, que los guionistas fueron aprovechando durante décadas.
El Green Lantern Corps y los Guardianes de Oa
Hal Jordan no era, en realidad, el único portador de un anillo así. Abin Sur pertenecía a una organización mucho más grande: el Green Lantern Corps.
El concepto del Corps es, probablemente, el aporte más influyente de toda la mitología de Green Lantern al resto de la ciencia ficción. La idea es la siguiente: el universo está dividido en 3.600 sectores espaciales. Cada sector tiene asignado, en teoría, un Green Lantern que actúa como policía, protector y última línea de defensa de esa zona del espacio. Miles de especies alienígenas distintas forman parte del Corps. No hace falta tener forma humana. Hay Green Lanterns con forma de insecto gigante, de nube de gas consciente, de criatura de cristal.
Todos responden ante los Guardianes del Universo, una raza de seres inmortales de piel azul que viven en el planeta Oa, en el centro exacto de la galaxia. Los Guardianes fueron los que descubrieron la energía de la voluntad, la convirtieron en tecnología utilizable, y fundaron el Corps hace miles de millones de años como respuesta a un enemigo primordial del caos que casi destruye la creación entera.
Antes del Corps que conocemos, los Guardianes probaron otra solución. Construyeron un ejército de robots llamados Manhunters para patrullar el universo en su nombre. El experimento salió mal. Los Manhunters, programados para imponer un orden absoluto sin margen de error, terminaron interpretando que la manera más eficiente de eliminar el crimen era eliminar directamente a la población entera de un sector espacial. Cometieron un genocidio antes de que los Guardianes lograran desactivarlos. Recién después de ese desastre decidieron reemplazar a las máquinas por soldados con voluntad propia, capaces de sentir duda y capaces, también, de equivocarse con menos consecuencias catastróficas.
Es, en resumen, una policía galáctica con billones de años de historia detrás, dirigida por burócratas casi omniscientes que casi nunca se equivocan, salvo cuando se equivocan de la peor manera posible. Esa tensión entre el orden absoluto de los Guardianes y el libre albedrío de sus soldados terminó siendo el motor de conflicto de gran parte de las mejores historias del personaje.
El anillo en sí tiene reglas propias que los guionistas fueron fijando con los años. Hay que recargarlo cada veinticuatro horas apoyándolo contra la linterna de poder, o se queda sin energía en el peor momento posible. No puede afectar directamente nada de color amarillo, una limitación que en el Silver Age simplemente se aceptaba sin mayor explicación. Y depende, siempre, de la fuerza mental de quien lo lleva: un Green Lantern dubitativo construye formas débiles y temblorosas. Uno seguro de sí mismo puede construir prácticamente cualquier cosa.
El juramento que recitan los Green Lanterns para recargar sus anillos se volvió, con el tiempo, una de las frases más citadas de todo el cómic de superhéroes: "En el día más brillante, en la noche más oscura, ningún mal escapará a mi vista. Que aquellos que veneren el poder del mal, teman mi poder: la luz de Green Lantern". Se recita todavía hoy en cómics, series y películas, prácticamente sin cambios desde la versión original de Broome de 1959. Pocas frases de origen puramente comercial, escritas para vender una revista mensual, lograron sobrevivir tan intactas durante tanto tiempo.
Sinestro: del mentor al dictador
Con la mitología del Corps ya instalada, apareció uno de los villanos más importantes del personaje: Sinestro.
Sinestro no empezó como villano. Se llamaba Thaal Sinestro y era el Green Lantern del sector de Korugar. Durante años fue mentor de Hal Jordan y uno de los miembros más respetados de todo el Corps. El giro llegó cuando los Guardianes descubrieron que Sinestro había estado usando su anillo para convertirse en dictador absoluto de su propio planeta. Imponía orden a la fuerza, bajo la excusa de proteger a su gente del caos.
Lo expulsaron del Corps y lo exiliaron a una dimensión antimateria. Sinestro, resentido, se convirtió en el archienemigo de Hal Jordan durante el resto de la colección. Su idea central -que el miedo es una herramienta de control más eficaz que la esperanza- se convirtió, décadas después, en la base de una de las sagas más grandes del personaje, cuando Sinestro fundó su propio Corps con anillos amarillos alimentados por el miedo en lugar de la voluntad.
Green Arrow, la heroína y la América real
Durante los años sesenta y setenta, Green Lantern tuvo un momento particularmente recordado gracias al guionista Denny O'Neil y al dibujante Neal Adams. A partir de 1970, la colección pasó a compartir protagonismo con Green Arrow, y los dos personajes empezaron a recorrer juntos la América real de esa década en una serie de historias crudas sobre pobreza, corrupción y adicción. Fue un cambio radical de tono para un personaje que hasta entonces se movía casi exclusivamente en escenarios de ciencia ficción espacial.
El número más recordado de esa etapa es el 85, publicado en 1971. Ahí se revela que Speedy, el joven compañero de Green Arrow, es adicto a la heroína. La tapa mostraba directamente una jeringa clavada en un brazo, algo prácticamente impensado hasta ese momento para una revista de superhéroes destinada a chicos. La escena en la que Green Arrow descubre a su propio pupilo drogado, en su propio departamento, se convirtió en una de las imágenes más citadas del cómic de esa década.
Las ventas no acompañaron ese giro tan bien como esperaba la editorial, y O'Neil y Adams dejaron la colección poco después. Pero la calidad narrativa de esos números todavía se estudia como uno de los puntos más altos del cómic de superhéroes de esa década, y como prueba de que el género podía tocar temas duros sin dejar de ser entretenimiento de acción.
Ya en los ochenta y noventa, el Corps siguió expandiéndose con nuevos personajes. John Stewart se unió al Corps como reemplazo ocasional de Hal Jordan a partir de 1971. Era arquitecto y ex marine. Recién se popularizó de manera masiva casi treinta años después, cuando la serie animada Justice League, estrenada en 2001, lo convirtió en el Green Lantern principal de esa versión del equipo para millones de espectadores que nunca habían leído un cómic.
Emerald Twilight: la caída de Hal Jordan
En 1989 llegó una miniserie clave para entender al personaje desde cero: Emerald Dawn, escrita por Keith Giffen, Gerard Jones y Mike Barr. Ahí se retomó y se expandió el origen de Hal Jordan con más detalle del que había tenido el número original de 1959, incluyendo un costado más oscuro: Hal empieza la historia como piloto irresponsable, todavía procesando la muerte de su padre en un accidente aéreo, antes de convertirse en el héroe estable que los lectores conocían.
Ese costado oscuro terminó explotando por completo unos años después, en una de las historias más controvertidas de toda la mitología: Emerald Twilight, publicada en 1994.
En esa historia, un villano llamado Mongul destruye la ciudad natal de Hal Jordan, Coast City, matando a millones de personas de un solo golpe. Hal, devastado por la pérdida, viaja hasta Oa decidido a usar el poder del Corps para revivir a todos los que murieron. Los Guardianes se niegan. Hal, fuera de sí, mata a varios de sus compañeros Green Lantern, derrota a los Guardianes, y absorbe la energía de casi todos los anillos del Corps para convertirse en un ser casi omnipotente llamado Parallax.
Fue una decisión editorial durísima. De un día para el otro, uno de los héroes fundacionales de DC se convirtió en el villano que destruyó su propia organización. Muchos lectores de toda la vida lo sintieron como una traición al personaje. Durante años, Hal Jordan quedó relegado a villano recurrente mientras un nuevo protagonista tomaba la posta como el último Green Lantern que quedaba en pie: un artista gráfico llamado Kyle Rayner.
Rebirth y el espectro emocional
La redención llegó una década después, con Geoff Johns, el mismo guionista que ya mencionamos en el capítulo sobre Flash por su trabajo revitalizando personajes caídos en desuso. En Green Lantern: Rebirth, publicada entre 2004 y 2005, Johns revela que la posesión de Hal Jordan no había sido una simple falla moral del personaje: fue manipulado por una entidad parásita del miedo llamada Parallax, que llevaba siglos encerrada dentro de la batería central del Corps en Oa. Hal recupera su nombre, su anillo, y su lugar como Green Lantern principal de la Tierra.
De esa misma etapa salió el concepto que más expandió la mitología en los últimos veinte años: el espectro emocional. Johns propuso que la fuerza de voluntad, la energía verde del Corps, es apenas un color dentro de un espectro mucho más amplio de emociones, cada una asociada a un color y a un tipo de anillo distinto. El amarillo representa el miedo, y es la base del Sinestro Corps. El rojo representa la rabia. El violeta, el amor. El añil, la compasión. El naranja, la avaricia. Y el blanco y el negro, en los extremos, representan la vida y la muerte.
Ese esquema, que en resumen convierte a cada emoción humana básica en un ejército potencial de superhéroes o supervillanos, se convirtió en la columna vertebral de casi todas las historias grandes de Green Lantern desde entonces, incluyendo el crossover Blackest Night de 2009, donde anillos negros resucitan a superhéroes y villanos muertos como una horda de zombis alimentados por la energía de la muerte misma.
Antes de esa expansión, Sinestro ya había vuelto con su propio ejército de anillos amarillos, en la saga Sinestro Corps War de 2007. Fue la primera vez que el Green Lantern Corps enfrentó una fuerza rival organizada con la misma estructura que ellos: sectores propios, soldados propios, hasta un juramento propio basado en el miedo en lugar de la voluntad. La idea de un ejército especular, construido como espejo oscuro del original, se volvió tan popular que terminó repitiéndose con cada color nuevo del espectro emocional.
El paralelo con los Jedi y el dato curioso del amarillo
Hay, dicho sea de paso, un paralelo que muchos fans señalan con otra franquicia de ciencia ficción mucho más grande en la cultura popular. Un cuerpo de guerreros dispersos por toda la galaxia, que canaliza una energía inmaterial a través de un objeto ritual, guiado por un consejo de ancianos casi infalibles, con un villano que alguna vez perteneció a esa orden y terminó corrompido por el lado oscuro de la misma energía: la estructura de Green Lantern y la de los Jedi de Star Wars se parecen demasiado como para ser pura coincidencia. Ambas ideas nacieron, además, casi en simultáneo: la primera versión de Hal Jordan es de 1959, y George Lucas era, por esos años, apenas un adolescente lector de historietas.
Antes de cerrar, un dato curioso que pocos lectores conocen. La debilidad al color amarillo, tan central durante más de cuarenta años de historias, nunca tuvo una explicación satisfactoria hasta 2005. Los guionistas originales de 1959 simplemente la inventaron como una limitación arbitraria del anillo, al estilo de la kryptonita de Superman. Recién con Green Lantern: Rebirth, Geoff Johns le dio una razón narrativa real: el amarillo representaba el miedo, y los anillos verdes, basados en pura voluntad, no podían afectar directamente algo tan fundamental como el miedo sin ayuda extra. Cuatro décadas de debilidad sin explicación terminaron encajando perfecto en una mitología mucho más grande, casi como si los guionistas originales hubieran adivinado sin saberlo algo que se terminaría de escribir generaciones después.
El cine y lo que queda
El personaje llegó al cine en 2011, con Ryan Reynolds como Hal Jordan. La película tuvo un desempeño flojo en taquilla y una recepción crítica dura, y terminó siendo, durante años, el ejemplo favorito de la industria de cómo no adaptar un concepto tan grande y tan visual a la pantalla grande. Series animadas posteriores, como Green Lantern: The Animated Series de 2011, y su presencia constante en videojuegos y en la serie Justice League, mantuvieron al personaje mucho más vivo en la memoria popular que esa única película.
El fracaso comercial de esa adaptación no borró el atractivo del concepto de base. Sigue siendo, para gran parte de la industria audiovisual, uno de los conceptos con más potencial sin explotar de todo el catálogo de DC: un ejército interestelar entero, con miles de especies distintas y siglos de historia, esperando todavía la adaptación que le haga justicia.
Lo que queda, sesenta años después de Hal Jordan y ochenta después de Alan Scott, es un concepto que sigue siendo, en el fondo, muy simple: el poder más grande del universo no es la fuerza, ni la velocidad, ni ningún rayo cósmico. Es la voluntad de una persona que decide no tener miedo. Esa idea, nacida de una lámpara mágica de tren en 1940 y reinventada con un anillo alienígena en 1959, sigue siendo el corazón de todo lo que vino después.
Pocos superhéroes ofrecen una metáfora tan directa. No hace falta ningún accidente radiactivo ni ningún don de nacimiento. Alcanza con un anillo y con la decisión de usarlo bien. Esa simpleza, paradójicamente, es lo que le permitió a Green Lantern sostener ochenta años de historias sin agotar nunca del todo la idea original.
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